Camino por la acera, junto a una fachada de una de esas casas de un solo piso, de las que pueden verse en mi barrio, a fin de cuentas un pueblo que terminó siendo absorbido por el crecimiento de la ciudad. Está muy deteriorada, llena de desconchones, y desde dentro pueden oírse unas voces que discuten.
En cuanto me acerco, la casa ha cambiado totalmente: tiene ahora dos pisos, está pintada de blanco inmaculado y presenta un aspecto mucho más próspero, algo parecido a las famosas casas de los indianos que hay en Asturias o Cantabria. Tengo de ella una perspectiva de conjunto, y como si fuera James Stewart en “La ventana indiscreta”,veo a una mujer bajando desde el segundo piso, a través de las ventanas. Parece poseída, en un estado de locura transitoria. Siguen oyéndose gritos, y empiezo a temer que pueda salir algo de esa casa para hacerme daño.
Me voy alejando rápidamente, y desde donde estoy ahora puedo ver un jardín pegado a la casa, lleno de balaustradas y cubierto de hiedra y arbustos. La mujer, vestida de blanco, se desploma en el centro del jardín, justo al lado de una fuente. Titubeo; no sé si acercarme para ver lo que realmente ha ocurrido, no sé si ha muerto o sólo está fingiendo. En ese momento, puedo discernir dos figuras vestidas de negro, idénticas entre sí, que se giran hacia mí con mirada inquisidora y me preguntan:
¿Dónde vas?
Este sueño se me ha repetido varias veces en los últimos cinco o seis meses. No pretendo analizarlo (aunque la mujer que aparece, bien es cierto, se corresponde muy bien con el ánima junguiana), tan sólo dejar constancia aquí, en este diario electrónico hinchado de pereza y absurda vanidad, supongo. Como la mayoría; sobre todo por lo de la vanidad.
Where the statue stood Of Newton, with his prism and silent face, The marble index of a mind forever Voyaging through strange seas of thought alone.
William Wordsworth
Odio el verano. Nunca jamás me he sentido a gusto con el calor; no siento ninguna alegría cuando vago bajo los rayos del sol a mediodía y toda la ciudad se encuentra devorada por una luz sin matices. Por el contrario, lo que me invade es un pesado sopor que sólo invita a dejar pasar las horas con el cuerpo estirado y a conjurar, como las Vainica Doble:
“Caramelo de limón el sol de mi país sol de mi país, viento norte, viento triste un arco iris sin fin Bosques de castaños los que siempre yo soñé que eran marron glacé”
Pero existen maneras de escapar, de curar la nostalgia de lo que nunca se ha vivido. Existen puertas de entrada que, casi como un secreto para iniciados, nos transportan a páramos fríos y desolados, o quizá a bosques de castaños cubiertos de hielo, que son a su vez estados del alma. Para todos aquellos que detestamos las sobremesas y escuchamos extrañas llamadas tras el murmullo de las hojas, Nico grabó “The Marble Index”, “Desertshore”y “The End”. El sol la mató, en Ibiza, en 1988.
Era una diosa. Alta, hermosa, imponente. Sus ojos, inmensos y claros, eran puro mercurio. Sus labios,un permanente mohín (véase la portada de "Chelsea Girl", las fotos con la Velvet Underground, el famoso anuncio de Terry o su aparición en “La Dolce Vita” de Fellini). Se dice que nació en 1938, en Colonia, bajo el fuego de los bombarderos ingleses, o puede que en Budapest en 1943. Nunca le gustó su verdadero nombre, Christa. Christa Päffgen. Cuando Andy Warhol la introdujo a los demás miembros de la Velvet Underground, nadie entendía nada: ¿Cómo podía proponer este hombre como cantante a una ex-modelo con acento alemán, sorda de un oído y con una voz monótona, plana y profunda que causaba la hilaridad de todos? Pero su secreto no se revelaba tan fácilmente. Probablemente muchos piensen en Nico como “la alemana esa que cantó con la Velvet”, la que se acostó con casi todo Nueva York y parte de Los Ángeles y París o, como mucho, la chica que grabó “Chelsea Girl”. Pero eso es sólo una ínfima parte.
Porque “Chelsea Girl”, aunque no es un mal disco, sólo da vueltas alrededor del misterio; no permite penetrar en él. Es quizá su disco más "agradable" de escuchar: una colección de bonitos temas cedidos por JacksonBrowne, Lou Reed o Dylan. “These Days” es un clásico –como la escena de los Tenenbaums donde la canción recobró atención recientemente- y los arreglos, aunque un tanto demasiado dulces para mi gusto (Nico los odió, especialmente la flauta), no están mal y tienen un regusto otoñal. Pero aquí ella es poco más que un vehículo para canciones bonitas.
“I’ve been out walking I don’t do too much talking These days, these days. These days I seem to think a lot About the things that I forgot to do And all the times I had the chance to”
I’m not sayin’ (single de 1965, versión de Gordon Lightfoot)
Es con su siguiente disco, "The Marble Index" (1968), con el que se revela su condición de sacerdotisa, su poder mágico. “Prelude”, con sonido de campanas y piano, funciona como introducción a un mundo ultraterrenal que por fin, con la ayuda de John Cale, pudo invocar. Sus cincuenta segundos de repiqueteo de glockenspiel dan paso a “Lawns of Dawn”: ¿Qué es esto? No hay nada que se le parezca. Las campanitas siguen sonando, pero el primer plano lo ocupa ya el armonio de Nico, atravesando el corazón de la canción con melodías repetitivas que desorientan, que invitan al trance y que hacen desaparecer al “mundo real” por completo. No hay batería; el sonido se expande con absoluta libertad por el espacio, no está compartimentado por beats; es el páramo, el vacío, la muerte acechando en cada una de las frases y ondulaciones.
“He blesses you, he blesses me, The day the night caresses, Caresses you, caresses me, Can you follow me?”
Las imágenes que sugiere “No one is there” parecen salidas de un sueño:
“I crossed from behind my window screen, Nina is dancing down the scene in a crucial parody, Nina is dancing down the scene, He is calling and throwing his arms up in the air, And no one is there.”
John Cale acompaña las armonías vocales de Nico, que parece haber sido poseída por espíritus de un milenio atrás, por monjes y nibelungos. Este sonido es como un meteorito extraño en la historia de la música; liberado del corsé anglosajón, es un producto de dos sensibilidades europeas a las que no les importaba un pimiento lo que se hacía o se dejaba de hacer en el momento. No hay nada, nada que se le parezca, ni en los sesenta ni después; es clásico, vanguardista, medieval, arcano, europeo, todo a la vez. No hay forma de acomodar esto a una conciencia y convertirlo en simple música de fondo. No hay posibilidad de escapar a sus encantamientos: de hecho, lo estoy escuchando ahora mismo, mientras escribo esto; y cómo no, me siento transportado. Llega “Ari’s Song” una canción para su pequeño (el que tuvo con Alain Delon) con el armonio de nuevo cruzando los mundos y desafiando a la razón: “Now you see that only dreams can send you where you want to be”.
En “Facing the Wind” entra en escena el piano machacón tan propio de Cale, que remite a “I’m Waiting for the Man”, o "All Tomorrow Parties" pero que liberado de aquel staccato, se enfrenta al sentido del tiempo y del ritmo de Nico, que nada tiene que ver… con nada: o te dejas llevar o quitas el disco. “Julius Caesar (Memento Hodie)” es otro viaje por profundidades oníricas, por vegetaciones enmarañadas que nosotros, hombres modernos y racionales, nos hemos empeñado durante tanto tiempo en ignorar y que sin embargo nunca dejarán de formar parte de nosotros. Y es esta presuntuosa ignorancia la que nos convierte en buena medida en seres neuróticos –en el peor de los sentidos- y divididos: “Beneath the heaving sea where statues and pillars and stone altars rest for all these aching bones to guide us far from energy.” ¿Es eso un sueño, es real? Yo no puedo evitar asociarlo con los cuadros de Claudio de Lorena, donde imponentes arquitecturas clásicas reciben el baño sagrado del misterio de la naturaleza. ¿Quiénes somos nosotros para decidir que un sueño no es real? Todo es irreal o real, se puede elegir entre una posibilidad u otra, pero no son más que palabras. Nico lo sabía; por eso no hablaba casi nunca y también por eso utiliza en su obra el lenguaje como música y como herramienta reveladora de misterios.
“Frozen Warnings” quizá sea una de las canciones más hermosas que se han escrito jamás. Nico parece recitar una oración surgida de las entrañas de la tierra, con el armonio y la viola ascendiendo a los cielos y descendiendo hasta que has de plegarte a su magia irresistible:
“Friar hermit stumbles over The cloudy borderline Frozen warnings close to mine Close to the frozen borderline”
Frozen Warnings
Fragmento de "Evening of Light" extraído de "Nico:Icon"
La canción que cerraba el disco original era “Evening of Light” (en el CD se añadieron dos outtakes, que también se encuentran en la recopilación que se ha editado recientemente, “The Frozen Borderline: 1968-1970”). Lo que parece el sonido de una mandolina o un clavicordio introduce la oración de Nico: “Midnight winds are landing at the edge of time” es la frase que se repite constantemente a lo largo del trance, al que poco a poco se añade la viola y que va construyendo lentamente un auténtico maelstrom apocalíptico de sonidos distorsionados que lo devora todo. De nuevo se aprecia la mano de John Cale, cuya aportación a este disco en calidad de productor no fue reconocida en su momento.
“Roses in the Snow” y “Nibelungen”, los outtakes, son otras dos piezas hermosísimas; la primera insiste en la belleza invernal y el trazo rural del armonio atravesando todo como melodía iniciática, pero lo más curioso está en la última, cuyo título está tomado del poema épico germano del s.XI y donde Nico demuestra que es capaz de cantar a capella y mantener sus poderes de sacerdotisa:
“Since the first of you and me asleep In a Nibelungen land where we cannot be Almond trees grow along the mountain trail From their tongues the words are spelling The telling numb”
No sé ya dónde estoy cuando calla su voz profunda y fascinante. Pero si sé que este disco -como también los dos siguientes que grabó- es algo extraordinario, al igual que lo fue ella. En el documental Nico: Icon, aparece un bohemio barbudo, con una cargante elegancia impostada, que despotrica contra Alain Delon –le parece un tipo vulgar, un despreciable vendedor de salchichas que no tenía la talla suficiente para estar con ella- y que sentencia, con gesto serio: “Nico no amaba a nadie y nadie amó jamás a Nico”.
Siempre fue esquiva, extraña, contradictoria, insólita, peligrosa: girando alrededor de la heroína en un eterno retorno, en su propio tiempo, nunca reglamentado ni compartimentado. Exponerse al sol de Ibiza fue una temeridad: ella portaba consigo el bosque, el hielo, el misterio; no las calles de una ciudad mediterránea al mediodía de julio. Que los dioses la tengan en su seno.
Bah…no tenía putas ganas de escribir, pero de pronto me encuentro potando letritas aquí. La primavera no me sienta nada bien; formo parte de ese porcentaje de españoles que son poco amigos del polen. También me fastidian los habituales cambios de temperatura, demasiado bruscos… Debería irme a Finlandia, o a Noruega, para aburrirme y refrescarme tranquilamente y sin sentimiento de culpa. Por lo menos mientras dura la invasión mafiosa de los garrulos falleros, bajo el beneplácito de la jefa.
Pues no sé si es la visión continua de la desagradable Tita Rita, o quizá mi tendencia a salirme de madre lo que me atrae últimamente hacía el mundo clásico, más concretamente hacia las hermosas figuras de Afrodita que realizó el celeberrimísimo Praxíteles, sobre todo la Venus Capitolina (es una copia romana que se encuentra en los Museos Capitolinos, en Roma)
Me gusta el delicado desnudo, los pechos redondeados, etcétera, etcétera, pero lo que me excita, mayormente, es ese delicioso pudor que muestra al ser “sorprendida” en el baño. ¿Por qué se tapa la diosa? Su grado de pudor indica a la vez el valor que ella otorga a su cuerpo. Sabe que es hermosa y se resiste a ofrecer su belleza divina a los mortales, quiere resguardarse del mirón (hoy en día filas interminables de turistas). Yo, por mi parte, me ofrecería a chuparle los dedos de los pies. Ella era muy pudorosa y lasciva a la vez y eso me volvía loco. La echo un poco de menos, aunque nada hay que se pueda hacer ya.
Pues estaba el otro día yo sumido en mis sueños podófilos con la deliciosísima diosa y tal y de repente me encuentro con esta mierda de anuncio de los horteras de Dolce & Gabbana. Una compañera me lo enseña: “¡Qué poco apropiado, qué poco acertado me parece este anuncio!” Quién iba a decirlo, sino ella, la progre entre las progres. “Yo lo veo una tontería, una manera fácil de llamar la atención. Pero por lo que estás diciendo ahora, en realidad no es poco acertado en absoluto, ¡sino todo lo contrario!”, le dije. Pues nada, ella continuó, cada vez más excitada, con que si las mujeres maltratadas y que no se puede frivolizar y que nosequé. Yo, la verdad, no entiendo qué puede tener que ver este grupo de aceitosos chulos de gimnasio con el tema de la violencia contra las mujeres, cosa que me repugna profundamente -como también el anuncio- pero no veo la relación entre una cosa y otra. Vale, la están cogiendo de las muñecas. ¿Y qué? He conocido a más de una a la que le gustaba que la cogieran de las muñecas y cosas mucho más obscenas y tal que no vienen al caso. Eso no significa nada.
En serio, no comprendo bien esa reacción histérica de las feministas amargadas de turno, a no ser que estén compinchadas con estos modernitos de palo, los diseñadores predilectos de futbolistas y actores porno. Es que se lo ponen en bandeja: seguro que la campaña ha sido un éxito rotundo. Todos los anuncios de estos tipos tratan de buscar la indignación de estos sectores, se retroalimentan, un poco como pasaba con los de Benetton. En ARCO he visto una foto de una tipa clavándole el tacón a un maromo en el pecho y nadie ha dicho nada. No condeno el feminismo totalmente, de hecho hay feministas lúcidas, razonables e interesantes, pero no es éste el caso, desde luego. A todas éstas, les recomiendo que crankeen sus consoladores up to eleven.
En fin, después de todo es divertido observar el grado de amojamamiento y de corrección política de buena parte de la sociedad actual. Hay una asociación para cada indignación posible. ¿Como será la cosa en Finlandia? Vean también en el chiringuito de Dildo.
Es de noche. Me abro paso entre una extraña maleza. Las ramas crujen con estrépito al pisarlas y me da miedo que alguien me descubra. Después de un buen rato batallando con arbustos, hojarasca y hierbajos varios, me encuentro en un inhóspito y yermo lugar. Hacia los lados únicamente se ve el horizonte; miro hacia arriba y la luna está casi llena, tan sólo un pequeño mordisco la priva de su brillante y femenina plenitud. No sé hacia dónde seguir, me siento perdido y solo. Avanzo con miedo; no sé adónde voy, no veo nada, estoy empezando a desesperarme.
Pero entonces veo aparecer, allá al fondo, una extraña protuberancia. ¿Es eso una colina? Corro hacia ella con todas mis fuerzas. A medida que me acerco, su textura se va revelando poco a poco. ¡Es una colina de piel! La luna la ilumina de pleno y advierto también que es suave; es la piel de una mujer. ¡Vaya suerte! No sé por dónde empezar…
Subo por ella, la muerdo, la agarro bien fuerte, me tumbo, luego salto… me siento colmado. Estoy rodeado de piel suave, tersa y cálida. Arriba otros dos globos de carne, rematados por dos sublimes pezones, que superan en su armonía y proporción a toda arquitectura salida de la mano del hombre. Son más grandes que yo: cuando me abrazo a ellos no puedo abarcarlos por completo.
Más abajo veo una vulva gigantesca, húmeda y cálida, con olor a mar. Me invita a entrar. El ano, como un gran sol de carne, acompaña la entrada. Es el momento de… ¿volver al útero?
No lo sé, porque es entonces cuando me despierto. ¡Bah!
Me pregunto de dónde habrá salido todo eso. ¿Tendrá algo que ver con este poema del genial Baudelaire? Aunque también podría ser un rollo a lo Robert Crumb…
LA GÉANTE
"Du temps que la nature en sa verve puissante Concevait chaque jour des enfants monstrueux, J’eusse aimé vivre auprès d’une jeune géante, Comme aux pieds d’une reine un chat voluptueux.
J’eusse aimé voir son corps fleurir avec son âme Et grandir librement de ses terribles jeux; Deviner si son coeur couve une sombre flamme Aux humides brouillards qui nagent dans ses yeux,
Parcourir à loisir ses magnifiques formes; Ramper sur le versant de ses genoux énormes, Et parfois en été, quand les soleils malsains,
Lasse, la font s’étendre à travers la campagne, Dormir nochalamment à l’ombre de ses seins, Comme un hameau paisible au pied d’une montagne."
Esta mañana me he levantado con el mayor de los alivios. De nuevo, la idea de la muerte rondándome la cabeza, o mejor dicho, los sueños. No creo que haya tema más importante, pero preferiría ocupar mis masturbaciones oníricas en otras cosas. Sin embargo, ahí está, de nuevo visitándome.
He tenido un sueño espantoso en el que vagaba por ahí con la cabeza cortada (el espacio en el que me movía no estaba demasiado definido). No sangraba, pero podía verme el corte, limpio como el que se conseguiría con un cuchillo bien afilado en un melón suficientemente maduro. Tenía que sujetarme la cabeza porque se deslizaba a través de la superficie cortada, perfectamente lisa, brillante y algo inclinada. Pensaba que debía morir, como es lógico, pero el momento no llegaba. “Quizás me salve”, pensaba. “A lo mejor no ha sido tan grave. Además, ¡ni siquiera sangro! No, seguro que no ha sido nada. Pero, ¿cómo voy a volver a ponerla en su sitio? Bueno, esperaré y veré que ocurre”
De repente, estoy en el balcón de casa de mi abuela. Noto como el riego en el cerebro va disminuyendo. “Voy a morir”, digo. “Al fin llegó el momento”. Caigo al suelo y escucho a los vecinos y sus voces grotescas, burlándose, los curiosos miran arriba desde la calle, y yo noto como todo se desvanece; fundido en negro. Por un momento pienso que es un final realmente asqueroso. “¡Qué situación tan inapropiada para morir! Y que tenga que oír estas voces antes de irme…” Estaría bien poder elegir una canción antes de estirar la pata, pero nunca se sabe si va a darse esa posibilidad. Aunque bien pensado, es estúpido escuchar canciones antes de morir. Me resigno.
En ese momento, trato de hacer acopio de todo mi coraje. Pero no resulta. Noto una angustia tremenda en el pecho… No quiero morir.
Y entonces, la visión de las paredes de mi cuarto me dan una tremenda alegría. Hay bastante luz, es la una. Me siento como si hubiera superado una gran prueba. Estoy muy contento de seguir con vida. Y además es sábado.