La Dama del Lago

13 de Julio de 2007

 

En el errar de mi busca, por ciudades de la memoria,
Encontré huellas, tantas como historias, tantas como velos.

En los sueños más hermosos de los hombres, me decían,
Ya no se escucha la risa de los niños en la hierba;
Yo en mis sueños, mensajera, nunca oí el jolgorio de las fiestas.

 
Tampoco logré ver el vuelo del águila que devora al tigre
Ni las danzas alegres de las muchachas alegres en la pradera
(¡Y yo tanto lo hubiera querido…!)

 
Ni tan siquiera escuché la voz herida
De las praderas pronunciándote.

 
Es tan solo tu desnudo lo que vi, tejido por el sol de la tarde.
Es tan solo tu pecho ardiendo, como un anillo de fuego.
Es un río de flores hermosas y tristes que surgen de tu vientre
Para flotar de nuevo entre las aguas en que vuelvo a nacer.

 
En mis sueños, mensajera, te he esperado siempre en alta torre
Entre olor a piedra húmeda y nudos de hierros retorcidos
Entre reflejos de agua en mi espada desenvainada
Entre huesos torcidos de hombres que aguardaron la nada

 
Y desde allí amo tus blancos brazos tendidos hacia el cielo
Y tu cuerpo arqueado por la energía de mi voz solar
Y la roca de tu nuca lamida por el mar de plata.

 
En mis sueños tú eres la ligera tierra sobre la que mis pies
Se posan; paisaje numinoso y sembrado por el miedo.
Un ondulado canto de valles dibuja tu cuello.

 
¿En mis sueños? Sólo un salto desde la torre, hacia el suelo.
Sólo un vértigo más, en donde al fin clavo mi espada
En el lago profundo de tu sexo, donde quiero –al fin- morir.

 

 

 

Nico: The Marble Index

15 de Junio de 2007

Where the statue stood
Of Newton, with his prism and silent face,
The marble index of a mind forever
Voyaging through strange seas of thought alone.

 William Wordsworth

 
Odio el verano. Nunca jamás me he sentido a gusto con el calor; no siento ninguna alegría cuando vago bajo los rayos del sol a mediodía y toda la ciudad se encuentra devorada por una luz sin matices. Por el contrario, lo que me invade es un pesado sopor que sólo invita a dejar pasar las horas con el cuerpo estirado y a conjurar, como las Vainica Doble:

“Caramelo de limón
el sol de mi país
sol de mi país, viento norte, viento triste
un arco iris sin fin
Bosques de castaños
los que siempre yo soñé
que eran marron glacé”

Pero existen maneras de escapar, de curar la nostalgia de lo que nunca se ha vivido. Existen puertas de entrada que, casi como un secreto para iniciados, nos transportan a páramos fríos y desolados, o quizá a bosques de castaños cubiertos de hielo, que son a su vez estados del alma. Para todos aquellos que detestamos las sobremesas y escuchamos extrañas llamadas tras el murmullo de las hojas, Nico grabó “The Marble Index”, “Desertshore” y “The End”. El sol la mató, en Ibiza, en 1988.

En su época de modelo 

Era una diosa. Alta, hermosa, imponente. Sus ojos, inmensos y claros, eran puro mercurio. Sus labios,un permanente mohín (véase la portada de "Chelsea Girl", las fotos con la Velvet Underground, el famoso anuncio de Terry o su aparición en “La Dolce Vita” de Fellini).  Se dice que nació en 1938, en Colonia, bajo el fuego de los bombarderos ingleses, o puede que en Budapest en 1943. Nunca le gustó su verdadero nombre, Christa. Christa Päffgen. Cuando Andy Warhol la introdujo a los demás miembros de la Velvet Underground, nadie entendía nada: ¿Cómo podía proponer este hombre como cantante a una ex-modelo con acento alemán, sorda de un oído y con una voz monótona, plana y profunda que causaba la hilaridad de todos? Pero su secreto no se revelaba tan fácilmente. Probablemente muchos piensen en Nico como “la alemana esa que cantó con la Velvet”, la que se acostó con casi todo Nueva York y parte de Los Ángeles y París o, como mucho, la chica que grabó “Chelsea Girl”. Pero eso es sólo una ínfima parte.

 

Porque “Chelsea Girl”, aunque no es un mal disco, sólo da vueltas alrededor del misterio; no permite penetrar en él. Es quizá su disco más "agradable" de escuchar: una colección de bonitos temas cedidos por Jackson Browne, Lou Reed o Dylan. “These Days” es un clásico –como la escena de los Tenenbaums donde la canción recobró atención recientemente- y los arreglos, aunque un tanto demasiado dulces para mi gusto (Nico los odió, especialmente la flauta), no están mal y tienen un regusto otoñal. Pero aquí ella es poco más que un vehículo para canciones bonitas.

“I’ve been out walking
I don’t do too much talking
These days, these days.
These days I seem to think a lot
About the things that I forgot to do
And all the times I had the chance to


I’m not sayin’ (single de 1965, versión de Gordon Lightfoot)

Es con su siguiente disco, "The Marble Index" (1968), con el que se revela su condición de sacerdotisa, su poder mágico. “Prelude”, con sonido de campanas y piano, funciona como introducción a un mundo ultraterrenal que por fin, con la ayuda de John Cale, pudo invocar. Sus cincuenta segundos de repiqueteo de glockenspiel dan paso a “Lawns of Dawn”: ¿Qué es esto? No hay nada que se le parezca. Las campanitas siguen sonando, pero el primer plano lo ocupa ya el armonio de Nico, atravesando el corazón de la canción con melodías repetitivas que desorientan, que invitan al trance y que hacen desaparecer al “mundo real” por completo. No hay batería; el sonido se expande con absoluta libertad por el espacio, no está compartimentado por beats; es el páramo, el vacío, la muerte acechando en cada una de las frases y ondulaciones.

“He blesses you, he blesses me,
The day the night caresses,
Caresses you, caresses me,
Can you follow me?”

Las imágenes que sugiere “No one is there” parecen salidas de un sueño:

I crossed from behind my window screen,
Nina is dancing down the scene in a crucial parody,
Nina is dancing down the scene,
He is calling and throwing his arms up in the air,
And no one is there.

John Cale acompaña las armonías vocales de Nico, que parece haber sido poseída por espíritus de un milenio atrás, por monjes y nibelungos. Este sonido es como un meteorito extraño en la historia de la música; liberado del corsé anglosajón, es un producto de dos sensibilidades europeas a las que no les importaba un pimiento lo que se hacía o se dejaba de hacer en el momento. No hay nada, nada que se le parezca, ni en los sesenta ni después; es clásico, vanguardista, medieval, arcano, europeo, todo a la vez. No hay forma de acomodar esto a una conciencia y convertirlo en simple música de fondo. No hay posibilidad de escapar a sus encantamientos: de hecho, lo estoy escuchando ahora mismo, mientras escribo esto; y cómo no, me siento transportado. Llega “Ari’s Song” una canción para su pequeño (el que tuvo con Alain Delon) con el armonio de nuevo cruzando los mundos y desafiando a la razón: “Now you see that only dreams can send you where you want to be”.

En “Facing the Wind” entra en escena el piano machacón tan propio de Cale, que remite a “I’m Waiting for the Man”, o "All Tomorrow Parties" pero que liberado de aquel staccato, se enfrenta al sentido del tiempo y del ritmo de Nico, que nada tiene que ver… con nada: o te dejas llevar o quitas el disco. “Julius Caesar (Memento Hodie)” es otro viaje por profundidades oníricas, por vegetaciones enmarañadas que nosotros, hombres modernos y racionales, nos hemos empeñado durante tanto tiempo en ignorar y que sin embargo nunca dejarán de formar parte de nosotros. Y es esta presuntuosa ignorancia la que nos convierte en buena medida en seres neuróticos –en el peor de los sentidos- y divididos: “Beneath the heaving sea where statues and pillars and stone altars rest for all these aching bones to guide us far from energy.” ¿Es eso un sueño, es real? Yo no puedo evitar asociarlo con los cuadros de Claudio de Lorena, donde imponentes arquitecturas clásicas reciben el baño sagrado del misterio de la naturaleza. ¿Quiénes somos nosotros para decidir que un sueño no es real? Todo es irreal o real, se puede elegir entre una posibilidad u otra, pero no son más que palabras. Nico lo sabía; por eso no hablaba casi nunca y también por eso utiliza en su obra el lenguaje como música y como herramienta reveladora de misterios.

 

“Frozen Warnings” quizá sea una de las canciones más hermosas que se han escrito jamás. Nico parece recitar una oración surgida de las entrañas de la tierra, con el armonio y la viola ascendiendo a los cielos y descendiendo hasta que has de plegarte a su magia irresistible:

“Friar hermit stumbles over
The cloudy borderline
Frozen warnings close to mine
Close to the frozen borderline”



Frozen Warnings

Fragmento de "Evening of Light" extraído de "Nico:Icon"

La canción que cerraba el disco original era “Evening of Light” (en el CD se añadieron dos outtakes, que también se encuentran en la recopilación que se ha editado recientemente, “The Frozen Borderline: 1968-1970”). Lo que parece el sonido de una mandolina o un clavicordio introduce la oración de Nico: “Midnight winds are landing at the edge of time” es la frase que se repite constantemente a lo largo del  trance, al que poco a poco se añade la viola y  que va construyendo lentamente un auténtico maelstrom apocalíptico de sonidos distorsionados que lo devora todo. De nuevo se aprecia la mano de John Cale, cuya aportación a este disco en calidad de productor no fue reconocida en su momento.

“Roses in the Snow” y “Nibelungen”, los outtakes, son otras dos piezas hermosísimas; la primera insiste en la belleza invernal y el trazo rural del armonio atravesando todo como melodía iniciática, pero lo más curioso está en la última, cuyo título está tomado del poema épico germano del s.XI y donde Nico demuestra que es capaz de cantar a capella y mantener sus poderes de sacerdotisa:

“Since the first of you and me asleep
In a Nibelungen land where we cannot be
Almond trees grow along the mountain trail
From their tongues the words are spelling
The telling numb”

No sé ya dónde estoy cuando calla su voz profunda y fascinante. Pero si sé que este disco -como también los dos siguientes que grabó- es algo extraordinario, al igual que lo fue ella. En el documental Nico: Icon, aparece un bohemio barbudo, con una cargante elegancia impostada, que despotrica contra Alain Delon –le parece un tipo vulgar, un despreciable vendedor de salchichas que no tenía la talla suficiente para estar con ella- y que sentencia, con gesto serio: “Nico no amaba a nadie y nadie amó jamás a Nico”.

Siempre fue esquiva, extraña, contradictoria, insólita, peligrosa: girando alrededor de la heroína en un eterno retorno, en su propio tiempo, nunca reglamentado ni compartimentado. Exponerse al sol de Ibiza fue una temeridad: ella portaba consigo el bosque, el hielo, el misterio; no las calles de una ciudad mediterránea al mediodía de julio. Que los dioses la tengan en su seno.

 

 

Mi giganta soñada

21 de Enero 2007

Es de noche. Me abro paso entre una extraña maleza. Las ramas crujen con estrépito al pisarlas y me da miedo que alguien me descubra. Después de un buen rato batallando con arbustos, hojarasca y hierbajos varios, me encuentro en un inhóspito y yermo lugar. Hacia los lados únicamente se ve el horizonte; miro hacia arriba y la luna está casi llena, tan sólo un pequeño mordisco la priva de su brillante y femenina plenitud. No sé hacia dónde seguir, me siento perdido y solo. Avanzo con miedo; no sé adónde voy, no veo nada, estoy empezando a desesperarme.

 Pero entonces veo aparecer, allá al fondo, una extraña protuberancia. ¿Es eso una colina? Corro hacia ella con todas mis fuerzas. A medida que me acerco, su textura se va revelando poco a poco. ¡Es una colina de piel! La luna la ilumina de pleno y advierto también que es suave; es la piel de una mujer. ¡Vaya suerte! No sé por dónde empezar…

 Subo por ella, la muerdo, la agarro bien fuerte, me tumbo, luego salto… me siento colmado. Estoy rodeado de piel suave, tersa y cálida. Arriba otros dos globos de carne, rematados por dos sublimes pezones, que superan en su armonía y proporción a toda arquitectura salida de la mano del hombre. Son más grandes que yo: cuando me abrazo a ellos no puedo abarcarlos por completo.

Gustave Courbet, El Origen del Mundo 

 Más abajo veo una vulva gigantesca, húmeda y cálida, con olor a mar. Me invita a entrar. El ano, como un gran sol de carne, acompaña la entrada. Es el momento de… ¿volver al útero?

 No lo sé, porque es entonces cuando me despierto. ¡Bah!

 Me pregunto de dónde habrá salido todo eso. ¿Tendrá algo que ver con este poema del genial Baudelaire? Aunque también podría ser un rollo a lo Robert Crumb…

 

LA GÉANTE

 "Du temps que la nature en sa verve puissante
Concevait chaque jour des enfants monstrueux,
J’eusse aimé vivre auprès d’une jeune géante,
Comme aux pieds d’une reine un chat voluptueux.

J’eusse aimé voir son corps fleurir avec son âme
Et grandir librement de ses terribles jeux;
Deviner si son coeur couve une sombre flamme
Aux humides brouillards qui nagent dans ses yeux, 

Parcourir à loisir ses magnifiques formes;
Ramper sur le versant de ses genoux énormes,
Et parfois en été, quand les soleils malsains,

Lasse, la font s’étendre à travers la campagne,
Dormir nochalamment à l’ombre de ses seins,
Comme un hameau paisible au pied d’une montagne." 

 

 Whoa, babe!

Kavafis y las Ítacas

15 de Enero 2007

El otro día comentaba con una bellísima amiga de nombre griego que cuando leo poesía soy muy selectivo; ella decía que también. Y es que de los poetas que he leído -que no son demasiados- puedo decir que una minoría muy selecta son habituales (ahora mismo Baudelaire, especialmente), mientras que hay otros que no puedo soportar; me repelen desde el momento en que abro el libro. Pueden ser múltiples los motivos. Por ejemplo, si un político se pone a recitar un poema, por lo que a mí respecta lo ha destrozado para siempre. Hará cosa de un mes salió en la tele Zapatero recitando al peñazo de Gamoneda (aunque dudo que este hubiera llegado jamás a ser de mis habituales) y tuve que cambiar de canal. A Aznar creo que le molaba más Pemán.

Hoy me ha venido a la cabeza uno de mis poemas preferidos de todos los tiempos, del griego Kavafis. Ahora que recuerdo, a Alfonso Guerra le gustaba Kavafis… aunque creo que nunca tuvo la indelicadeza de destrozarlo. Pero bueno, también le gusta a Panero. Es éste, posiblemente uno de los más conocidos:

 

Constantino Kavafis - Ítaca

 
Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca
ruega que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de descubrimientos.
A Lestrígones, Cíclopes,
al colérico Poseidón - no temas:
nunca hallarás tales seres en tu camino,
nunca mientras altos sean tus pensamientos,
mientras una extraña emoción
estimule tu alma y tu cuerpo.
A Lestrígones, Cíclopes,
al fiero Poseidón, nunca encontrarás
a menos que en tu alma los lleves dentro,
a menos que tu alma los ponga ante ti.

Ruega que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano en que,
con gran placer y alegría,
entres en puertos desconocidos;
podrías detenerte en los mercados de Fenicia
y comprar hermosas cosas,
coral y nácar, ámbar y ébano,
toda clase de perfumes sensuales…
adquiere tantos como puedas:
podrías visitar muchas ciudades egipcias
y no dejar de aprender de sus sabios.
Que siempre Ítaca esté en tu pensamiento.

Llegar ahí es tu destino.
Pero nunca apresures el viaje.
Es preferible que dure años,
que seas viejo cuando alcances la isla,
rico con todo lo que habrás ganado en el camino,
sin esperar que sea Ítaca la que te haga rico.
Ítaca te dio un maravilloso viaje.
Sin ella no habrías partido.
Pero ya no tiene más que darte.

Y si la encuentras pobre, no creas que Ítaca te ha engañado.
Sabio como te has hecho, tan pleno de experiencia,
habrás entendido lo que significan las Ítacas.
 

Después de leerlo me dan ganas de leer la Odisea de nuevo, y también de hacer un viaje por Grecia. Aunque primero puede que me pase por Salamanca…

Gabriel Ferrater

7 de Diciembre de 2006

POSSEÏT 

Sóc més lluny que estimar-te. Quan els cucs
faran un sopar fred amb el meu cos
trobaran un regust de tu. I ets tu
que indecentment t’has estimat per mi
fins al revolt: saciada de tu,
ara t’excites, te me’n vas darrera
d’un altre cos, i em refuses la pau.
No sóc sinó la mà amb que tu palpeges.

 

POSEÍDO

Estoy más lejos que amarte. Cuando los gusanos
hagan una cena fría con mi cuerpo
encontraran un regusto de ti. Y eres tú
que indecentemente te has amado por mí
hasta la náusea: saciada de ti,
ahora te excitas, te me vas detrás
de otro cuerpo, y me rehúsas la paz.
No soy sino la mano con que tú palpas.