Este miércoles estuve en el MTV Winter, un evento musical que se celebró en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Como era gratis y soy pobre, arrastré mi culo hasta allá, pese a que estaba refrescando bastante aquel día (de hecho llevo constipado desde entonces) y a que lo único que me interesaba del cartel era The Cure. Empezaba a las 8; llegué allí sobre las 6 y media y el recinto se había convertido ya en el Parque Nacional de Emolandia. Indescriptibles las pintas de la peñuki; flequillos, maquillaje, cruces, negro, negro y más negro, como los diseñadores de moda. Eso sí, vi a una chica con un estilismo absolutamente genial (gafotas grandes, camisa azul, corbata…); lástima que no pude echarle una foto. Yo, por mi parte, iba con unos amiguetes jevis, sector al que siempre he defendido, por considerar que lo forma buena gente en general, pese a sus (para mí) incomprensibles gustos. Debería haber cogido la chupa de cuero para la ocasión.
Poco antes de empezar el concierto ya estaba encajonado entre un grupo de erasmus alemanas (bastante interesante) y unos borrachos gritones con rastas. Odio a los jodidos borrachos cuando estoy sobrio, y más si se dedican a poguear y a homoerotizarse continuamente. Entre otras cosas.
Bueno, pasemos al concierto en sí. Los primeros: From First to Last. Ni puta idea de quiénes eran estos payos, pero hubiera preferido no saberlo nunca; es de los grupos más malos que recuerdo haber visto. Pesimisimísimos. El cantante era absolutamente ridículo: hay una regla no escrita que dice que las camisas de manga corta son una puta mierda siempre, salvo que sea Homer Simpson el que las lleve. Grititos, teenage angst de baratillo sobre riffs guitarreros puestos uno detrás de otro, sin orden ni concierto, las canciones no iban a ninguna parte. Todo un conjunto de clichés hardcoretas emo-rrágicos archigastados… y encima ni siquiera podía redimirme con uno de los principales alicientes de un concierto: que la música gane una presencia más física, que los bajos y la batería hagan vibrar tu caja torácica a tope. El volumen estaba excesivamente bajo. Por cierto, el teclista, presa de la emoción, perjudicó bastante su maquinaria de un cabezazo. Los demás deberían haber seguido su ejemplo, a lo mejor habría salido algo interesante.
Después subieron HIM. Coñazo, y que me perdonen sus fans. Aunque la verdad es que comparados con los otros casi eran buenos. A mí me sonaban bastante a unos Black Sabbath (grupo al que aprecio pero tampoco idolatro) como en más limpio, cursi y romanticoide. Love Metal, vaya. Por otro lado, Ozzy Osbourne se mea en Ville Valo, el cantante (del que una amiga es fan incondicional), un tipo demasiado consciente de su imagen como para cantar con un mínimo de… ¿actitud? Jajaja, actitud. Anda que yo también, mencionando esto en un concierto organizado por MTV…
En los únicos en los que podría verse algo de “actitud” era, al fin, en The Cure. En realidad no soy un gran fan del grupo; me gustan sobre todo los singles, y para ser fan te tienen que gustar también cosas como el “Disintegration” y el “Pornography”, y a mí no me gustan… bueno, el último sí me gusta un poco. Por suerte, y a diferencia de la otra vez que pude verles (En el FIB 2002, donde me aburrí como una seta), en esta ocasión desempolvaron, durante más de dos horas, su estimable colección de singles cojonudos: “Just Like Heaven”, “In Between Days” (suena a New Order, por tanto es eXelente), “The Walk”(Blue Monday II), “Friday I’m in Love”, “Pictures of You”,y una de las que me gustan del “Pornography”: “One Hundred Years” (It doesn’t matter if we all die…). Sin embargo, de nuevo el volumen no nos acompañó, era insuficiente a todas luces. Además, casi todas las canciones me suenan mejor en disco, más puliditas y con tecladitos ochenteros.
En el bis, cosas como “Close to Me” y la clasicota “Boys Don’t Cry” para rematar, que en realidad no llegué a oír (también me perdí "A Forest") porque mis jevis ya no aguantaban más, se aburrían muchísimo. Yo estaba ya también al borde del derrumbamiento, después de estar más de seis horas de pie y con el estómago vacío. ¿Mereció la pena? Hombre, era gratis… pero ni se podía uno acercar a la barra (creo que ni había, al menos yo no la vi), con lo que contábamos con otro aliciente menos. En cualquier caso, pasamos el rato.
Prefab Sprout era uno de los grupos que más me gustaba cuando solía poner los vinilos de mi padre en busca de pop perfecto.
Me he reencontrado con esta canción años después, The King of Rock’n’Roll, (la única que consiguieron colar en el Top 10 allá por 1988), y no puedo quitármela de la cabeza. La canción es bastante chorra, en el fondo (acorde con el vídeo), y esos teclados súperochenteros -cortesía de Thomas Dolby- suenan hoy a fritanga retrofutura. Pero bueno, todo es efímero en esta vida, incluyendo el arte; y no digamos ya lo pop. Y en cualquier caso, Paddy McAloon tenía un gran talento para hacer estupendas canciones. Era un grupo la mar de majo. Incluyo alguna otra más para equilibrar ese "Hot dog, jumping frog, Albuquerque!"
The King of Rock’n'Roll, del álbum “From Langley Park to Memphis”(1988)
Cars and Girls, de “From Langley Park to Memphis” (1988)
Goodbye Lucille #1 (Johnny Johnny), del álbum “Steve McQueen”(1985)
When Love Breaks Down, de “Steve McQueen” (1985)
We Let the Stars Go, del álbum “Jordan: The Comeback” (1990)
Cerraré el post con un par de las más “recientes” (de 1997 y 2001 respectivamente). Ya sabía que Paddy McAloon sufre una extraña enfermedad que deteriora su visión… ¡pero ahora me he enterado de que también tiene problemas con el oído! En fin, la vida es una zorra. Lo último que sacó, me indican los internets, fue un LP en solitario, en 2003, llamado I Trawl the Megahertz.
Prisoner of the Past, de “Andromeda Heights”(1997)
Cowboy Dreams, de “The Gunman and Other Stories” (2001)
Sello: Pilz. Reeditado en CD junto con “Aguirre” y “Spirit of Peace” en el sello Spalax (Francia, 1996) y en Italia en 1994, en el sello High Tide. Posiblemente habrán más reediciones por ahí, pero es un lío de cojones.
Miembros:
Florian Fricke (n.1948, fallecido en 2001): Melotrón y sintetizador Moog.
Aguirre (6:17)
In the Gardens of Pharao (17:39)
Vuh (19:58)
Spirit of Peace (20:46)
Bajo este nombre, que hace referencia a un famoso códice maya, se esconde un enigmático músico llamado Florian Fricke. Su música -a diferencia de grupos como Neu! o Can- no incide tanto en el poder del ritmo o la repetición como en la creación de atmósferas, vinculándose así a la corriente más ensoñadora de la música electrónica en Alemania (Tangerine Dream, Klaus Schulze). Además, en el caso de Popol Vuh encontramos una marcada vertiente religiosa; tras Mayo del 68 y en plena época hippy, muchos jóvenes –algunos de ellos en grandes poltronas hoy día- emprendieron una búsqueda espiritual que les llevó a abrazar las tradiciones orientales (fue también en ese confuso hervidero de espiritualidad donde apareció la corriente New Age). Florian Fricke fue uno de ellos.
Nuestro hombre estudió piano, fue crítico musical y también cineasta antes de transmutarse en el alma-mater de este extraño “grupo”. Pero, además de las películas que él mismo dirigió, su nombre está íntimamente ligado al de su amigo Werner Herzog, uno de los cineastas europeos más singulares y controvertidos de la segunda mitad del XX. Fricke compuso la música para muchas de sus películas: Nosferatu (1979) Aguirre, la cólera de Dios (1972) o Fitzcarraldo (1982) gozan de los ambientes de este -como difícilmente podría ser de otra forma tratándose del mundo de Herzog- singular y excéntrico artista. Véase el cameo que realizó en una de sus películas –de mis favoritas-, El Enigma de Kaspar Hauser (1974), donde se le puede ver interpretando a un pianista ciego y autista (también llamado Florian) cuya música deja perplejo a su tutor.
Por desgracia, la producción discográfica de Popol Vuh, además de no ser demasiado accesible, es un auténtico galimatías: muchos temas aparecen después añadidos en diferentes reediciones de álbumes posteriores, aunque tengan poco que ver entre sí. “Aguirre” el tema principal de la película de Herzog –y que, por cierto, acaban de reeditar en DVD- puede encontrarse en multitud de versiones distintas, pero no me meteré en semejante lodazal discográfico. La versión a la que me refiero puede encontrarse como bonus-track en una reedición en CD (sello Spalax, 1996) del álbum In den Gärten Pharaos (1971). En la banda sonora de la película se incluyen otras tantas, más o menos diferentes.
Estamos en la primera época de los Vuh y aquí el Melotrón es el instrumento que domina, creando un sonido majestuoso, similar al de unos extraños coros. No hay ningún instrumento de percusión, y el otro protagonista, el famoso sintetizador Moog, es el que provee un elemento de anclaje (sonidos que se repiten una y otra vez). Si se ha visto la película, resulta casi imposible no asociar la música con sus poderosas imágenes. El conquistador Ponce de León, encarnado en el filme por el kamikaze Klaus Kinski, se abre paso con su grupo entre la selva. Lo que se extiende a sus pies es un paisaje grandioso, pero hostil, y que anticipa de alguna manera la locura que acecha a su espíritu megalómano. La música tiene ese mismo carácter alucinado, como salida de un sueño (lúcido).
Aguirre (L’acrime di rei) en la banda sonora de la película. Versión casi idéntica a la que hago referencia.
”Si yo, Aguirre, quiero que los pájaros caigan muertos de los árboles… los pájaros caerán muertos de los árboles. Yo soy la ira de Dios. La tierra que piso me ve y se estremece. El que me siga a mí, y al río, ganará riquezas innombrables. Pero el que deserte…”
El álbum original se componía de dos piezas largas: “In the Gardens of Pharao” y “Vuh”. Grabados en el interior de la colegiata de Baumburg, en Altenmarkt an der Alz, los sonidos electrónicos generados por Fricke se asemejan a voces extrahumanas, creando un ambiente poderoso e inquietante. No hay ni rastro de melodía ni de desarrollo de ningún tipo y sin embargo, funciona. It just works. En “Vuh”, la segunda parte, emplea el órgano de la colegiata, con lo que confiere al sonido más consistencia y energía. Los “aaaaaaah” entroncan de lleno con la corriente más cósmica de la era kraut.
Popol Vuh improvisando, en 1971
Florian Fricke se convertiría al cristianismo poco después de terminar la banda sonora de Aguirre, lo que le llevaría también a eliminar de su discurso, en gran parte, los instrumentos de carácter electrónico. Pasó entonces a experimentar con sonidos acústicos, suaves en ocasiones (Hosianna Mantra, 1972) y más pesados en otras, acercándose a un terreno más cercano al rock psicodélico que se practicaba en la Baja Baviera (Amon Düül II), por ejemplo en Letzte Tage-Letzte Nächte (1976). Falleció el 29 de diciembre de 2001 de un ataque al corazón. Con él se fue un heterodoxo de la música popular, un creador de pequeños mundos, un Aphex Twin místico.
Michael Rother: Guitarra, piano, sintetizadores, electrónica y voz.
Klaus Dinger: Percusión, guitarra, voces, piano y órgano.
Thomas Dinger: Batería.
Hans Lampe: Batería.
Sello: Brain (Reeditado en 2005 por Grönland/Everlasting)
1. Isi (5:02)
2. Seeland (6:54)
3. Leb’Wohl (8:50)
4. Hero (7:11)
5. E-Musik (9:57)
6. After Eight (4:44)
Estaba escuchando ayer el tercer disco de Neu! (Neu! 75), y me dije: joder, debo continuar la pseudofeature kraut que empecé con Ash Ra Tempel y Faust. ¡He de archivar mis intereses en este blog, ya que ése es su cometido principal!Vamos allá, pues, con el tercer volumen.
Como algunos gafapastas o similares sabemos, Neu!, el grupo formado por Klaus Dinger y Michael Rother (ambos miembros escindidos de la formación original de Kraftwerk) es a día de hoy, tras la recuperación acaecida durante los años noventa (Stereolab, Tortoise), de los más celebrados en la escena alemana de los primeros setenta. Ello es debido también debido en parte al famoso Krautrocksampler de Julian Cope, que a pesar de no ser ni mucho menos el más exhaustivo o preciso al respecto, sí es el más divertido, el más apasionado, el más de fan. Me pasaron uno enciclopédico, llamado The Crack in the Cosmic Egg, (pincha aquí para una versión reducida) en el que aparece TODO, absolutamente todo sobre el tema… pero me mosquea un poco que se hable de casi todos los grupos como revolucionarios y maravillosos y del krautrock como “El movimiento musical más importante del siglo XX”. Tampoco hay que pasarse.
La cosa es que, aunque estuvieron juntos durante poco tiempo (eran personalidades difícilmente conciliables: Rother tendía a ser prudente y reflexivo, mientras que Dinger era, por el contrario, impulsivo y aficionado a las drongas), Neu! dejaron una huella imborrable en la historia del rock. Sus experimentaciones rítmicas se han dejado sentir en artistas tan diferentes como David Bowie (en su trilogía berlinesa) o, ya en los años noventa, Tortoise, considerados entre los padres de eso llamado post-rock. Pero fue sobre todo Stereolab, un grupo de pop-rock paneuropeo y retrofuturista que utilizó los ritmos minimalistas de Neu! en más de una ocasión, el que actualizó su legado. Hoy mismo podemos escuchar su eco en grupos de la escena electrónica, como los Fujiya & Miyagi.
Neu! habrían hecho historia aunque sólo hubieran publicado “Hallogallo”, pieza de once minutos que abría su primer elepé, de título homónimo (1971). Esa pieza probablemente sea su obra maestra, la de más imprescindible escucha (aunque “Für Immer”, en el segundo, viene a ser otra vuelta de tuerca al mismo concepto). Aún así, para mí la mejor de sus obras es Neu!75, su tercer y último elepé (existe otro que Dinger sacó al mercado sin el permiso de su compañero) y que comienza con el mismo ritmo utilizado en los dos temas arriba mencionados.
“Hero” en directo, 1974
Es lo primero en lo que uno repara al escuchar esta música: ese insistente ritmo de 4/4 que jamás cambia. Este ritmo fue conocido como motorik o también como apache (la denominación preferida por Dinger) y se convirtió en la seña de identidad de este grupo. Brian Eno, uno de los experimentadores más fecundos del rock, siempre al margen de tópicos inmovilistas, declaró en una ocasión que “el ritmo de Neu! es uno de los más creativos de los setenta junto al afro-beat de Fela Kuti y el funky-beat de James Brown”
El ritmo es la clave en Neu!. Incluso las notas de bajo, extremadamente parcas, prescinden de la melodía para adoptar una función rítmica, al igual que lo hace la guitarra, que repite unos pocos acordes alrededor del un ritmo riguroso. No hay ni una sola voz a lo largo de este pasillo sin fin. En “Hallogallo” la estructura es únicamente la pura repetición de ese 4/4; aquí sí encontramos una cierta construcción melódica que acerca el tema a una esfera algo más pop. La melodía en este caso se dibuja con los teclados electrónicos y ante todo por ese piano de juguete. Al final de la canción el ritmo gana algo de intensidad, aunque, como no podía ser de otra manera, el beat se mantiene imperturbable.
“Hallogallo”
Aquí, como en otras entregas, brilla de nuevo lo más interesante de todo: esa negativa de los alemanes a acatar las formas estéticas anglosajonas imperantes en el rock. Ellos supieron dar nuevos aires a esta música, con un coraje experimental admirable y sobre todo, con fundamento. Y esto sólo pudo reforzar el vigor de esa criatura mutante que es el rock, capaz de absorber multitud de elementos desde su raíz birracial para convertirse en una hidra de mil cabezas, una cultura con mayúsculas que todavía no ha muerto del todo, pese a lo que muchos se empeñan en anunciar desalentados por tanto y tanto copycat.
Pero además de ello, también son evidentes en este álbum las desavenencias entre los dos miembros: los tres primeros temas son mucho más de Rother: más bien tranquilos, con toques de piano, efectos de olas (“Leb’Wohl”) o esa guitarra que suena en “Seeland”, parecida a la de Robert Fripp en el “Heroes” de Bowie. Por la otra cara, el protagonismo es de Dinger: temas más agresivos, cercanos a un proto-punk minimalista y estridente. Se puede decir que Neu! no sólo se adelanta aquí a los Pistols, ¡sino también a PIL! Es bastante impresionante constatar el parecido entre Dinger y Johnny Rotten en temas como “Hero” o “After Eight”.
Para terminar: globalmente, creo que es lo mejor que han grabado. Además, este sí se puede encontrar con facilidad: lo reeditó Grönland hace dos o tres años, junto con los otros dos, y todavía anda por ahí.
Por cierto, a modo de curiosidad, en Kill Bill aparece un temita de Neu!, que se utilizó también en Master of the Flying Guillotine, una vieja peli de artes marciales: “Super 16”. Lo de 16 es por las revoluciones: la leyenda cuenta que nuestros héroes se quedaron sin pasta para completar su segundo álbum cuando habían grabado solo la mitad, así que decidieron incluir, a modo de relleno, canciones como “Super” o “Neuschnee” a varias velocidades además de la normal. Es una solución indudablemente chapucera y cuyos resultados son más risibles que otra cosa, aunque es curioso que “Super” a 16 revoluciones dé como resultado un tema perfecto para acompañar al maestro mientras avanza desafiante y mesándose los bigotillos.
Me acabo de enterar de que La Casa Azul, sin lugar a dudas el grupo más divertido de los últimos años en la escena pop española, se presenta al festival de Eurovisión. Me he metido en la página para votar, pero en este momento está saturada y no funciona la jodía. ¡Pero Dios sabe que votaré a saco; quiero que salgan elegidos para representar a nuestra Hespanya! Veamos el vídeo de la canción que han presentado:
Estamos ante un momento histórico para el pop patrio, pero me temo que la canción es demasiado buena para ganar el festival. Es pegadiza a más no poder la maldita; ¡la llevo escuchando en repeat 20 minutos! Ahora que por fin he podido establecer ciertas diferencias entre las canciones que componen su último disco, lo que requiere más de una escucha (en un primer momento parecen todas la misma), me siento autorizado para afirmar que La Revolución Sexual -el disco- es lo mejor que Guille Milkyway ha sacado hasta ahora. Me gustaba el rollo funky-disco setentero del anterior y en este no está tan pronunciado (también tiene un tono un poquito más serio), pero un poco de chiptune por aquí y un tanto de arreglos de dibujos animados por allá, unos pocos parapapás y samples de cursos de japonés para rematar y tenemos un conjunto irresistible y maravilloso. El sonido es chicle puro, vocoderizado, artificial, plástico 100%. Golosina, flash, picapica, gominola, refresco burbujeante. Perfecto para amargados como yo.
A las letras nunca les he prestado tanta atención, pero están bastante bien; Guille es aquí muy verborreico en sus descripciones de relaciones fracasadas, pequeños momentos y demás elementos que han formado siempre parte del universo pop. Esta noche Blossom canta para miiiiii… XD y más XD.
Pero quiero hacer especial mención al instrumental Un Mundo Mejor que está al final del disco: una total maravilla de Shibuya-kei decorada con inmensos arreglos a lo Yasuharu Konishi, personaje por cierto próximo, en cuanto a approach se refiere, a Guille. ¿Alguien se imagina un disco suyo con Maki Nomiya? Se me ponen los dientes largos sólo de pensarlo. ¡Yum!
Me encanta ver los comentarios en Youtube, desde luego es un grupo que causa reacciones extremas. Yo creo que también tiene la cosa su buena parte de coña y de ironía, aunque esté todo hecho en serio y tal. En las entrevistas el mastermind siempre dice que es 100% serio, aunque es evidente que el tío se lo pasa en grande irritando a jebis y demás fauna urbana con rimas sobre flores y paramecios. Basta con ver este vídeo de Como un Fan, del disco anterior de 2003,Tan Simple como el Amor. Me he enamorado perdidamente de la sonrisa de Virginia, aunque Clara está que revienta de buena, joder.
Por cierto, Milkyway es del club de los alopécicos: +10 puntos para él.
Después vi otro ángel vigoroso, que bajaba del cielo envuelto en una nube; sobre la cabeza tenía el arco iris; su rostro era como el sol, y sus piernas como columnas de fuego. Tenía en la mano un librito abierto. Puso el pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra, y gritó con voz potente, como el rugido del león… El ángel que había visto en pie sobre el mar y sobre la tierra alzó la mano derecha hacia el cielo y juró por aquel que vive por los siglos de los siglos -el que creó el cielo y lo que hay en él, la tierra y todo lo que contiene, el mar y todo lo que hay en él-: "Ya no habrá más tiempo pues en el día de la trompeta del séptimo ángel, se consumará el misterio de Dios".
Apocalipsis, 10:2
Olivier Messiaen (1908-1992) se ha convertido en uno de mis compositores favoritos tras escuchar tan sólo una de sus obras (pero qué obra): el Quatuor por la fin des temps (Cuarteto para el fin de los tiempos); una pieza de música de cámara alumbrada en Stalag VIII A, campo de concentración en el que estuvo recluido tras ser capturado en Verdún, en mayo de 1940, durante la caída de Francia en manos de los alemanes. Fue en el otoño de ese mismo año cuando comenzó a escribir esta joya, considerada una de las obras mayores del siglo XX; consideración a la que, vaya, no me opongo.
Este cuarteto tiene una formación no demasiado frecuente, forzada por la situación en los campos, donde Messiaen tan sólo tenía acceso a determinados instrumentos: clarinete, piano, violín y violonchelo. La obra surge de un infierno, y castigado por el hambre y el frío, el compositor sueña con colores –experimentaba fenómenos de sinestesia- y con el canto de los pájaros, a los que siempre consideró los mejores músicos. Mirlos y ruiseñores elevados sobre la inmundicia, llevando sus melodías aéreas siempre hacia lo alto. En el tercer movimiento, para clarinete solo -L’abîme des oiseaux- sus cantos se elevan sobre el abismo, que es el tiempo, fuente de dolor y desdicha., y por ello Messiaen busca eliminarlo de la percepción del oyente. A ello ayudan sus ritmos siempre cambiantes, suspendidos en el quebranto de lo imposible.
La poderosa fe católica de Messiaen marca toda su música, siempre cercana a verdades teológicas relacionadas con la gloria divina, los “aspectos maravillosos de la fe” (Ascensión, Transfiguración, Natividad). Incluso determina el número de partes en el caso del Quatuor: a decir del propio compositor, “siete es el número perfecto, la creación en seis días santificada por el divino sábado; el 7 de este reposo se prolonga en la eternidad y deviene en el 8 de la luz infalible, de la paz inalterable”.
Yo, con mis muy limitados conocimientos musicales, y también de la propia obra de Messiaen, no soy capaz de explicar esta obra al detalle ni lo pretendo en absoluto. Esto tan sólo me sirve para ir dejando mi rastro en este Hades virtual, poblado de sombras y fantasmas. Pero, teorías musicales aparte, sí que me admira particularmente esa sensación de transparencia, de suspensión sobre el tiempo, la extensa gama cromática que se extiende ante la imaginación y el espíritu –siempre alerta- como en los brillos refulgentes de las vidrieras góticas. Aunque es mucho más accesible que obras como la Nativité du Seigneur o la Turangalîla Symphonie (donde introdujo un instrumento electrónico, el famoso Ondes Martenot), probablemente requiera más de una escucha por nuestra parte.
Messiaen miraba hacia tradiciones como la India y Japón en busca de nuevas soluciones armónicas, y fue también maestro de varias generaciones: entre sus alumnos se encuentran músicos tan destacados como Pierre Boulez, Iannis Xenakis o el recientemente fallecido Karlheinz Stockhausen, autor de Kontakte (1958-60) o la muy interesante Gesang der Jünglinge (1955-56) de importancia enorme también en el curioso fenómeno del krautrock, sobre el que por cierto todavía tengo intención de introducir algún post más. Pongamos un bonito vídeo en su honor:
Pero el hecho más sorprendente de todos: cincuenta minutos con Messiaen no son realmente cincuenta minutos… En el quinto movimiento, Louange à l’éternité de Jésus, el lentísimo fraseo del violonchelo -la Palabra- estira el tiempo sobre un lecho de acordes cristalinos al piano. ¿Cincuenta minutos? Nadie podría decir cuánto dura realmente una obra de Messiaen.
I haven’t seen you in ages But it’s not as bleak as it seems We still dance on whirling stages In my Busby Berkeley dreams
Stephen Merritt
Nunca he sido capaz de apreciar los musicales. Jamás he conseguido, supongo, alcanzar esa disposición mental que se requiere para disfrutarlos. Parte de culpa, me temo, la tiene un documental que un profesor nos pasó hace años en el instituto, titulado That’s Dancing. No sé cuánto duraba exactamente, pero sí recuerdo que se me hizo eterna; era un rollazo, un encadenamiento sin demasiado sentido de números musicales fuera de contexto, con Fred Astaire, Ginger Rogers, Cyd Charisse y todos esos clásicos. Todo era baile, baile, baile, claqué y más claqué. Y lo odié desde entonces.
Sin embargo, debo decir que siento debilidad por las coreografías de ese puto genio llamado Busby Berkeley. Baste esta muestra (bastante kitsch) para disfrutar de su extraordinario talento y de su vanguardista visión (ríase usted del Ballet Mécanique de Léger):The Polka Dot Polka, de la película The Gang’s All Here.(1943)
Acid-kitsch. Yeah!
Y de propina, incluyo este bonito vídeo que alguien ha hecho de la canción que da título a este post: Busby Berkeley Dreams, de The Magnetic Fields, contenida en su glorioso 69 Love Songs.
Llevo todo el bendito día obsesionado con esta canción, un hit de 1978 basado en una adaptación cinematográfica de Cumbres Borrascosas, la famosa novela de Emily Brontë (la Bush todavía no la había leído por entonces) ¡No puedo quitármela de la cabeza! Y ella es tan adorablemente bizarra. Canta y baila como una loca poseída. Me encanta. Y 19 añitos que tenía entonces, hoygan.
Out on the wiley, windy moors We’d roll and fall in green. You had a temper like my jealousy Too hot, too greedy. How could you leave me, When I needed to possess you? I hated you. I loved you, too.
Bad dreams in the night You told me I was going to lose the fight, Leave behind my wuthering, wuthering Wuthering Heights.
Heathcliff, it’s me, your Cathy, I’ve come home. I´m so cold, let me in-a-your window
Heathcliff, it’s me, your Cathy, I’ve come home. I´m so cold, let me in-a-your window.
Ooh, it gets dark! It gets lonely, On the other side from you. I pine a lot. I find the lot Falls through without you. I’m coming back, love, Cruel Heathcliff, my one dream, My only master.
Too long I roamed in the night. I’m coming back to his side, to put it right. I’m coming home to wuthering, wuthering, Wuthering Heights,
Heathcliff, it’s me, your Cathy, I’ve come home. I’m so cold, let me in-a-your window.
Heathcliff, it’s me, your Cathy, I’ve come home. I’m so cold, let me in-a-your window.
Ooh! Let me have it. Let me grab your soul away. Ooh! Let me have it. Let me grab your soul away. You know it’s me–Cathy!
Heathcliff, it’s me, your Cathy, I’ve come home. I´m so cold, let me in-a-your window Heathcliff, it’s me, Cathy, I’ve come home. I´m so cold, let me in-a-your window.
Heathcliff, it’s me, your Cathy, I’ve come home. I’m so cold.
Manda huevos, que diría Trillo; me he pasado literalmente el día maldiciéndolo todo. Sí, vale, no es esa una forma demasiado inteligente de aprovecharlo; soy totalmente consciente de lo estéril de mis injurias. Pero a veces siento que necesito ese enfrentamiento tanto como respirar. Es mi manera idiota de (re)afirmarme (por la negación) y de sentir que todavía no me he diluido en un océano de sangre, pus y heces. Ah, necesito ponerme más metas, joder, joder, joder…
Mientras lo destruía todo (ilusoriamente, por supuesto), las canciones de los grandiosos Melvins sonaban en mi cabeza. Ah, muy apropiado: los Melvins, esa sublime banda de ceporros y vándalos (la predilecta de Kurt Cobain; este detalle es ya imposible omitirlo) y a pesar de ello, no demasiado conocida, sobre todo fuera de los USA. Y es que me encanta, me encanta cuando encuentro algo tan tenazmente, sublimemente, irreductiblemente idiota… No sé si me explico, pero para mí este océano de hachazos salvajes, este monumento de sonido espeso como el lodo (por algo se les considera sludge metal) constituye una respuesta adecuada tanto a la dictadura del “buen gusto” como a la de esa mediocridad opresiva y autosatisfecha.
Creo que una de las razones de que me resulten tan atractivos es el hecho de que apenas existe otra ambición en ellos que alcanzar la máxima pesadez posible, un sonido poderoso y brutal capaz de poseer tu cuerpo desde el pelo (quizá yo debiera decir “los pelos”) hasta las uñas de los pies. Los Melvins son un grupo tan “estúpido” como Motörhead, como los Ramones o como Black Sabbath. Ponlos a todo volumen, y tu caja torácica será sacudida como si tuvieras un martillo neumático en tus manos. ¡¡Byba Satán!!11! Cuernecitos y collares de pinchos opcionales, pero aviso de que esto no es heavy metal al uso.
Melvins - Honey Bucket
Más tarde, cuando estaba discutiendo con un carpintero acerca de timos telefónicos, mi pobre abuela ha tenido un pequeño percance. No ha sido nada serio pero se ha asustado. He ido a su casa para ayudarla, la he tranquilizado y después me he quedado escuchándola durante dos horas larguitas. De fondo, en un bucle infinito, la famosa patada del bobonazi escoriahumana en el tren. Se notaba que necesitaba hablar, aunque fuera de cosas mil veces contadas ya. La situación me ha sumido en una profundísima tristeza que todavía dura mientras escribo esto. Cuando pienso en el día en que ya no este aquí –es cosa rara que lo haga, pues tiene más energía que yo a sus casi noventa tacos- se me bañan los ojos en lágrimas. Lo que está meridianamente claro es que ella ya no quiere estar, que se siente triste, y aunque siempre trato de quitarle hierro a ese asunto -¿qué otra cosa puedo hacer?- la comprendo muy bien. Aunque, en fin, todos sabemos cuál es la meta final, no es preciso insistir en ello más de lo necesario. Si acaso para echarle un poco más de huevos a las cosas.
Y volviendo a las metas, un choto de pro como yo se ha enamorado de una orejoncita. Ah, mierda, me trae loco esa chica con su aspecto de rockera pantanosa y aguerrida (con un puntito dulce y orientalizado). Cada vez que la veo tengo que reportarme, como solían decir algunos personajes de Bruguera. Así que por ahí voy, buscando estratagemas para llamar su atención, como un adolescente cualquiera…
Hago carazas en el espejo y los Melvins vuelven a atronar en mi estéreo, y no he podido evitar pensar que son mucho más inteligentes de lo que parece en una primera escucha. Sus hachazos son impredecibles; además no van siempre directos a la caja torácica, de vez en cuando hacen saltar algún reloj en mil pedazos por el camino. Su música te cura la gonorrea de un hachazo, se te caen los huevos y te los sirven con patatas de guarnición. Así son de buenos…. Recomiendo: Gluey Porch Treatments, Bullhead, Lysol y Houdini.
Melvins - Hooch
Hail King Buzzo!
EDIT: Me acabo de dar cuenta de que me los perdí en el Primavera Sound de este año. Tocaban el jueves…¡¡Mecagüen la puta!!
Geinoh Yamashirogumi . Osorezan - Dou No Kenbai (1976)
(Invitation/RCA Victor)
1. Osorezan (18:51) 2. Dou No Kenbai (18:40)
Geinoh Yamashirogumi es un colectivo musical fundado en 1974 por Shoji Yamashiro (TsutomuÔhashi) que alberga en su seno a unos doscientos miembros provenientes de campos profesionales muy diversos: ingenieros, médicos, periodistas, antropólogos, etcétera. Su forma de trabajar, y su bizarría en general, recuerda a alguna de las comunas hippies formadas tras Segunda Guerra Mundial en países como Alemania o Japón. Su obra más conocida, sin lugar a dudas, es la estupendísima banda sonora de Akira, el anime post-apocalíptico par excellence, que realizaron ya en 1987. Los sonidos coloristas y percusivos del gamelan, los cantos budistas shohmyoh y voces de pesadilla, electrónicamente manipuladas, se unían a un trasfondo y una producción de sonido hightech, creando un potaje la mar de sabroso.
Este grupo se ha dedicado sobre todo, por lo visto, a la recopilación de músicas de diferentes lugares (Indonesia, China, Bali, Bulgaria…), todas ellas reelaboradas en su estudio, bien nutrido de aparataje diverso. El resultado consiste -al menos a mis oídos y en base a lo que llevo catado, que no es mucho- en marcianadas algo insípidas, que sólo en algunos casos consiguen captar mi interés. Y yo voy a hablar precisamente de uno de esos casos, aunque tampoco pienso extenderme demasiado, porque ¿qué se puede decir de cosas así? No mucho, la verdad. Se trata de Osorezan - Dou No Kenbai (1976), su primera grabación (que, hay que precisar, no incluye sonidos electrónicos de ningún tipo) incluida en el Top 50 del Japrocksampler, que ya comenté posts atrás.
Lo podéis descargar sin ningún tipo de mala conciencia, pues está descatalogado. Quizá lo reediten ahora que Cope lo ha difundido un poco, pero no contaría mucho con ello. De todas formas, yo si lo comprara lo preferiría muy mucho en vinilo, que mola un millón de veces más que los putos cedeses. Odio la maldita y típica jewel case de plásticucho barato (una de las peores aberraciones jamás cometidas en diseño). Y esas portaditas minúsculas… no sé, a mi, francamente, siempre me han parecido una caca. Aunque sí, tengo un buen puñado de cedeses tirados por ahí; qué remedio.
El Monte Osore(Osorezan), situado en la península Shimokita, al noroeste de la isla de Honshu, es referido en la tradición japonesa como la puerta del infierno (concepto este contenido en muchas otras tradiciones, como la islandesa, donde el pasaje al inframundo se encuentra en el Dimmuborgir). En ambos casos, se trata de paisajes volcánicos, devastados por la acción de un tiempo más allá de lo concebible, cuyo equivalente en España podríamos encontrarlo en las Islas Canarias, por ejemplo en los bellos parajes tinerfeños. En el Monte Osore, los vientos silban amenazadores y los fosos de azufre bullen junto a la paz de un templo zen. Una vez al año, en un festival que se celebra en Julio, las itako, unas mujeres ciegas con poderes mediúmnicos, canalizan a través de su cuerpo los espíritus de los muertos. Me encantaría ver eso, ¿a vosotros no?
Como comenté antes, poco puede decirse de este artefacto. Consta de dos piezas de alrededor de 19 minutos. La cosa empieza fuerte, con un grito primario, a pleno pulmón, de una mujer. Controla el volumen si no quieres llevarte un buen susto o partir algún cristal. Las voces de los muertos son evocadas con gran eficacia, gracias a la sofisticada producción sónica, muy pulida (pero sin llegar a estropear la intensidad). Parece uno encontrarse a los pies de la montaña, en plena noche, dando pie a las más terribles sugestiones. La percusión va entrando poco a poco, sin un patrón definido, y consigue desorientarte. ¡Dios… qué voces! Terroríficas. Va tomando forma una especie ritmo de jazz-rock progresivo, formado por bajo, batería, guitarra (con wah-wah tó setentero y hendrixiano) un saxo y esas voces infernales flotando constantemente alrededor; pero ya nos encontramos en un terreno algo más familiar. La pieza alcanza un clímax frenético y demencial y se sume en sus últimos cuatro minutos en el susurro de los vientos, acariciando todas esas rocas mutantes.
La segunda parte ya es bastante más tradicional, y por tanto menos sorprendente (aunque esto podría matizarse). Es una especie de representación teatral (desconozco qué tipo de teatro es, quizá sea Noh pero no estoy seguro de ello… si alguien lo sabe, que lo diga, per favore). Son interesantes las voces (prácticamente lo único que suena aquí), por lo extrañas y violentas que son: sucediéndose en un bucle, permutándose, parando en seco con la contundencia de una katana.
En el vídeo, Doll’s Polyphony, de la BSO de Akira, con las vocecillas raras
En fin, que para mi gusto la primera cara es lo más curioso e interesante. Si quieres probar, descarga, y si no, pues no. La verdad es que me da un poco igual.
En esta señalada efemérides, puedo al fin colar este absurdo vídeo. Sí, ya sé que es algo antiguo y que las chorradas de internet en cuatro días pasan de moda, pero es que este vídeo es muy fuerte, amigos. Muy fuerte.
Lo mejor es el principio, con esa frase introductoria, pronunciada por un programa de sintetización de voz (tipo TextAloud). Y esos gestos de sorpresa y desolación… ¿Qué puedo decir? XDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD
Y el hecho de que no rime ni un sólo verso en toda la canción a mi me parece tó vanguardista.
Julian Cope ha publicado al fin su esperado volumen acerca del rock japonés de los 60 y los 70, Japrocksampler. De Bach al rock japonés de los 70 y tiro porque me toca. Va a ser cosa de pedirlo en el Amazon de la pérfida albión porque parece bastante interesante; tiene pinta de ser algo más extenso y más “serio” que su anterior libro -aunque esto hablando del amigo Cope hay que matizarlo siempre-, el cual ya mencioné por aquí: Krautrocksampler. En su página ya han publicado lo que todo el mundo esperaba: Su selección de los 50 mejores discos de la época, que adjunto aquí por si a alguien, por alguna razón, pudiera interesarle (hay de todo en este mundo):
Flower Travellin’ Band – Satori Speed, Glue & Shinki – Eve Les Rallizes Denudes – Heavier Than a Death In The Family Far East Family Band – Parallel World J.A. Caesar – Kokkyou Junreika Love Live Life + 1 – Love Will Make a Better You Masahiko Satoh & Soundbreakers – Amalgamation Geinoh Yamashirogumi – Osorezan Takehisa Kosugi – Catch-Wave J.A. Caesar – Jasumon Far Out – Nihonjin Les Rallizes Denudés – Baby Blind Has It’s Mothers Eyes Tokyo Kid Brothers – Throw Away The Books, We’re Going Out In The Streets Far East Family – Nipponjin Speed, Glue & Shinki – Speed, Glue & Shinki People – Ceremony – Buddha Meets Rock Blues Creation – Demon & Eleven Children Flower Travellin’ Band – Made In Japan Karuma Khyal – Alomoni 1985 Les Rallizes Denudés – Flightless Bird (yodo-go-a-go-go) Masahiko Satoh & New Herd Orchestra – Yamatai-Fu Magical Power Mako – Jump Kuni Kawachi & Friends - Kirikyogen Brast Burn - Debon Akira Ishikawa & Count Buffaloes - Uganda Flower Travellin’ Band - Anywhere J.A Caesar & Shirubu - Shin Toku Maru Gedo - Gedo Les Rallizes Denudes - December’s Black Children Datetenryu - Unto 1971 East Bionic Symphonia - East Bionic Symphonia Stomu Yumashita & Masahiko Satoh - Metempsychosis Taj Mahal Travellers - July 15, 1972 Toshi Ichiyanagi - Opera inspired by the works of Tadanori Yoko’o Taj Mahal Travellers - August 1974 Seishokki - Organs of Blue Eclipse (1975-77) Joji Yuasa- Music for Theatrical Drama Group Ongaku - Music of Group Ongaku Far East Family Band - The cave Down to Earth The Jacks - Vacant World 3/3 - Sanbun No San Blues Creation - Live Various Artists - Genya Concert Toshi Ichiyanagi/Michael Ranta/Takehisa Kosugi - Improvisation SeP.1975 Itsutsu no Akai Fusen - Flight 1&2 Maru Sankaku Shikaku - Complete Works (1970-73) Yonin Bayashi - Ishoku-Sokuhatsu The Helful Soul - 1st album
Conozco apenas cuatro o cinco de entre todo este revoltijo, mayormente setentero. Es muy posible que una parte de ellos sean horrores sólo soportables por cerebros muy “particulares” o Sydbarrettianos, como es el caso de Cope, o no pasen de esa fascinación extraña que ejercen las copias niponas de sus equivalentes anglosajones. El “Satori” de Flower Travellin’ Band (ya hablé de él), me parece muy bueno, como también el abrasador “Heavier Than a Death In The Family”, de los Rallizes Denudes, mítica banda relacionada con el Ejército Rojo Japonés y con el secuestro de un avión de pasajeros en 1970, y de los que no existen más que grabaciones en directo: a precio de oro. Bájenselas.
Les Rallizes Denudes tocando "Night of the Assassins" en directo en 1976
En momentos de aflicción, conozco pocos remedios mejores que la música de Bach. Cuando termino de escucharla, nunca pongo nada más, me parece imposible. Todo lo que venga después de su emocionante perfección queda disminuido.
Anoche puse una y otra vez el Italian Concerto, con Glenn Gould al piano. Me vuelve loco cómo interpreta el último movimiento (el que aparece en el vídeo); vertiginosa velocidad y sentido del ritmo, pero también, como siempre sucede con él, claridad contrapuntística cristalina. Y de regalo, sus extravagantes canturreos (era incapaz de tocar sin cantar las piezas), uno de sus muchos rasgos controvertidos.
He aquí otro de mis pedazos favoritos del legado bachiano, el Contrapunctus IV de El Arte de la Fuga.
Si tuviera la seguridad de que Bach no existe en un hipotético "más allá", no me importaría desaparecer para siempre.
Pero bueno, por el momento aquí estamos, lo cual tampoco está tan mal…
Vi este vídeo (sin música) en la tele de un café, en París y me llamó la atención. Luego me he dado cuenta de que era de un grupo, OOIOO, que me habían recomendado recientemente, y cuyo nombre no sé cómo debe ser pronunciado. Sólo sé que está fundado por Yoshimi P-We, de los Boredoms de Osaka, una mítica banda del rock nipón, que es conocida entre otras cosas por su performance llamada 77BOADRUM (77 baterías tocando a la vez el 7 de Julio de este año, durante… 77 minutos).
El vídeo lo dirige un tal Shoji Goto. La canción es del año pasado, de su disco Taiga(2006), pero da igual. El vídeo me hipnotiza, me quedo mirándolo como un jelipollas. Mola.
Guitarra: Manuel Göttsching Bajo: Hartmut Enke Percusión: Klaus Schulze
Sello: OHR
Amboss (19:52)
Traummaschine (25:31)
¡Sí! Voy a seguir con el recuento de mis pajotes repolleros. ¿Cuál es el siguiente? Pues nada más y nada menos que el majestuoso debut de Ash Ra Tempel, uno de los discos que más me han gustado de todos los que he explorado durante estos últimos meses. Este grupo de nombre macanudo consiguió en él una de las cumbres de todo el space-rock (o, mejor aún, de todo el rock’n’roll). En esta obra se juntan dos vertientes fundamentales, grosso modo, del Krautrock: la cósmico-electrónica (a lo Tangerine Dream) y la más orgánica, con guitarras y ritmos tribales –aquí a cargo del célebre Klaus Schulze, que posteriormente derivaría hacia la electrónica más radical en sus discos en solitario. Si no creéis lo de radical, comprobadlo vosotros mismos con el primero, Irrlicht (luz errante, o fuego fatuo) de 1972. Escuchadlo, escuchadlo entero si podéis… yo me lo puse bastante alto una noche y me dormí… para después despertarme de sopetón en el clímax del primer corte. Hay Dios mio hesto ke es!!11! Es el dimonio!!1! :O
Pero bueno, a lo que voy. Lo que tenemos aquí son dos buenos filetes. El primero, Amboss (Yunque) comienza morosamente y de hecho durante los tres primeros minutos recuerda al Irrlicht con sus drones electrónicos, aunque acariciados por cascadas de platillos… y poco a poco, esta máquina bien engrasada va arrancando. ¡Sí, una puta máquina! Nadie destaca dentro del grupo. Todos tocan para lograr un objetivo común, no para ostentar su virtuosismo. En ocasiones no sabes qué es realmente lo que está sonando, no puedes separar los instrumentos, no sabes quién está haciendo qué… cuando ocurre eso, es lo mejor de todo. Todas las piezas del engranaje tienen la misma importancia. Eso es algo común a la mayoría de grupos metidos en el saco del Krautrock (aunque su sonido sea diferente) y el resultado de esa mentalidad (eran todos unos jodíos jipis) en muchos casos es pura magia. Como aquí.
Göttsching tiene un dominio muy notable del instrumento (hizo estudios de guitarra clásica) y se pueden escuchar los ecos de Hendrix en su forma de tocar. Pero Hendrix es más sexual; personalmente su música me da ganas de follar como un animal. Este no es el caso, es más bien cerebral: repite notas durante un buen rato con apenas variaciones, usa el feedback rítmicamente, qué se yo. Pero lo importante es que todo contribuye al tripi musical y la evolución constante y nada caprichosa de la pieza hace que se te pasen los 19 minutillos volando. El caótico final, con todo el bloque sonando como una unidad de destino, cada vez más intenso, es cojonudo. Parada en seco y…
Pasamos a la segunda cortada. Titulada Traummaschine (máquina del sueño) es menos agresiva que la anterior, algo más sutil, más larga, y si no estás realmente escuchando, también puede ser bastante más coñazo. Esta música tan introspectiva se desvirtúa en cantidades excesivas, su efecto se desvanece. Si te pasas, te lo pierdes. Aquí es interesante escuchar a Klaus (pasados alrededor de 10 minutos) tocando las congas como un jipi en la noche de San Juan (pero con sentido del ritmo). La intensidad sube, baja, we are in space, we are headbanging. Manolo masajea tu cerebro con sus sonidos ácidos y reverberantes. Makoto Kawabata hace una reverencia cada vez que escucha este disco y pone una vela a Ash Ra en su altar de Marshalls y pedales locos. Las congas de Schulze llegan a su máxima intensidad tribal; y entonces el efecto del tripi va bajando, poco a poco… hasta el silencio absoluto.
¿Veredicto? Meisterwerk! Imprescindible escucha. Si has de escuchar un disco de ART, recomiendo que sea éste. Yo he escuchado los tres elepés que le siguieron pero me he sentido algo decepcionado porque creo que ninguno alcanza su nivel, aunque Schwingungen y Join Inn son los que más se le acercan, a mi juicio. Después, por lo visto, Manuel comenzó otra fase como líder único de la banda, con la ayuda de la vocalista Rosi Müller, y que desprende un cierto tufillo New Age que dudo que pueda interesarme.
1. Why Don’t You Eat Carrots (9:31) 2. Meadow Meal (8:02) 3. Miss Fortune (16:35)
Sello: Polydor
Puesto que últimamente estoy un poco aburrido de popismos, poperías y poperadas (aunque me temo que en el fondo siguen siendo lo que más me gusta), estos días estoy haciendo un recorrido más o menos intensivo por el rock alemán de los 70, al que la prensa inglesa le endosó un apelativo por el que, a partir de entonces, se conoce a esta música: krautrock (rock repollo). A la mayoría de los implicados en el asunto no les hace demasiada gracia ese nombre tan vago y perezoso. De todas formas, también hay que decirlo, a los alemanes no les hace gracia casi nada.
Ya conocía un poco a Neu!, también a Kraftwerk, por supuesto (sobre todo su etapa post-Autobahn, que no es propiamente krautrock, sino más bien pop electrónico). Incluso había oído alguna cosa de Can; en suma, tenía una muy somera noción de los grupos que más se conocen dentro del contexto anglosajón. Sin embargo, el descubrimiento de cosas como Amon Düül II, Faust, Ash Ra Tempel, Harmonia, y otros colgados como La Düsseldorf o Walter Wegmüller, me ha excitado sobremanera. El balance de mi paseo por todo este opíparo sauerkraut cósmico es altamente positivo. Hay momentos de verdadera magia en esta música, maravillosos cortocircuitos, aunque eso no quita para que me haya encontrado también auténticos plomazos, consecuencia inevitable del muy alto nivel de riesgo asumido en la aventura.
Hay una cosa que creo que es cierta, y es que fue Alemania (más concretamente, la RFA) el lugar de Europa donde el rock adquirió un carácter más original y extremo. En ningún otro país se llega a una reinvención de tamaño calado: en Francia, durante los años sesenta, encontramos una versión chic yeyé del rock americano de los 50 (con figuras mayores como Gainsbourg) en Italia y en España, la canción de autor goza de buena salud… pero el rock por entonces carecía prácticamente de tradición propia en tierras europeas. Con una excepción: en Alemania, escenario de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, había bases americanas e inglesas, soldados conduciendo coches americanos, bebiendo Coca-Cola y vestidos con jeans… y todo ello sin duda debió dejar una notable impronta en la conciencia teutona. Por la época se forman comunas extremadamente bizarras de donde surgen grupos como Amon Düül. Ralf Hütter, en una entrevista con Lester Bangs, afirmaba lo siguiente:
“Tras la guerra, el entretenimiento alemán fue destruido. Los alemanes fueron despojados de su cultura y se colocó una cabeza Americana en su lugar. Creo que somos la primera generación nacida después de la guerra en sacudirse esto de encima, y en saber cuándo sentir la música americana y cuándo sentirnos a nosotros mismos. Somos el primer grupo alemán en grabar en su propia lengua, en utilizar nuestro contexto electrónico, y en crearnos una identidad centroeuropea”.
Los alemanes reaccionaron ante la avalancha americana, aprovechando todo lo que apreciaban de ella y subvirtiéndolo. Durante los setenta, en Francia ya existen cosas como Magma o Gong, en Italia Franco Battiato hace interesantes marcianadas antes de arrasar como cantante pop de éxito, junto con Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso y prog-rockers afines. En España tenemos a Triana, Companyia Elèctrica Dharma, Jaume Sisa, Pau Riba, etc…y probablemente un buen montón más que todavía están por explorar en profundidad. Pero de entre todas las europeas durante estos años, la escena alemana será la que va a ejercer una mayor influencia en la música popular. El caso de Kraftwerk es evidente, su huella es inmensa, desde la génesis del hip-hop hasta la última retro-petardada tecno-pop. Pero también otros importantes conjuntos como Can (el incombustible líder de The Fall, Mark E. Smith, insiste en denominarlos “la banda más influyente de la historia del rock”) o Faust (ecos en Throbbing Gristle, DAF, Mouse on Mars, Godspeed You Black Emperor! y decenas más) dejarán sus nombres escritos con letras de oro en la historia.
Así que usando como guía de viaje el Top 50 que Julian Cope incluyó al final de su apasionado Krautrocksampler (con ocasionales desvíos, pero por algún lado se ha de empezar) heme aquí perdiendo la cabeza entre laaaargos desarrollos instrumentales, burbujitas de sonido sideral, demenciales corta-y-pega y ritmos tribales y pre-industriales. Sehr gut!
Y empezaré hablando… del primer disco de Faust (conocido como Clear o simplemente, Faust). Quizá no sea el más adecuado para introducirse en el repollismo (su cuarto álbum, Faust IV, incorpora estructuras más convencionales) pero es que me ha parecido especialmente interesante. Sí, amigos, la primera en la frente; este es un disco capaz de desconcertar al más bregado pajero musical. Es el típico disco que pones a tus amigos esperando aprobación, pero que es rechazado a los dos minutos con el clásico “Eh tío, quita eso que me está rayando. Eso ni es música ni es nada”.
Todos sabemos que la gente, así en general, tiene un gusto de mierda y/o mediatizado al 100%. Eso es así y punto, pero tampoco es tan tan grave. A no ser que seas un pajero terminal que sólo es capaz de dar el “visto bueno” a alguien si escucha también tus pajeriles grupos, incluso puedes indicarlo con cierto tacto; yo siempre lo he hecho con mis amigos y nunca se han enfadado: “Tienes un gusto de mierda”. No va a pasar nada si son tus amigos de verdad. Si no tienes amigos no hace falta que te preocupes por eso.
Sin ánimo de parecer el típico enterado que ensalza discos simplemente porque no se venden (pues soy fan de superventas como Michael Jackson o incluso Kylie Minogue) es sin duda ese el caso que nos ocupa; se habla de menos de mil copias vendidas en los primeros meses tras su aparición. Pero no es de extrañar, porque lo que aquí tenemos es un artefacto bastante radical en su concepto. Si incluso hoy día resulta extraño y desafiante (aunque ojo, también sorprendentemente divertido) no puedo imaginar cómo debía resultar hace 36 años. La gente por aquel entonces quedó estupefacta ante estos guaches, no sabían por dónde cogerlos. La única forma de que vendieran algo, como quedó demostrado, fue mediante la maniobra de la recién nacida por aquel entonces Virgin Records, que en su deseo de difundir el rock alemán puso el Faust Tapes al increíble precio de 48 peniques. Resultado: de 50,000 a 60,000 copias vendidas (nada mal para un disco tan iconoclasta) y 2.000 libras en pérdidas para Virgin.
En la portada del álbum está impreso el puño (Faust en idioma teutón) de un tal Andy Hertel, amigo del grupo, visto a través de rayos X. En su edición original, de finales de 1971, tanto el vinilo como la funda y la hoja con las letras imprimidas eran transparentes: después se reeditó en vinilo corriente de color negro, y años más tarde en CD. La página oficial no es muy clara con respecto a las fechas de las reediciones. Me imagino que una copia de la edición original en vinilo debe costar un ojo de la cara. El mítico John Peel se sintió compelido a comprar el elepé sólo por la portada; cuando descubrió que la música era todavía mejor lo puso en la radio día sí día también.
Esta magna obra tan sólo consta de 3 cortes: el primero, Why don’t you eat carrots? comienza el recorrido con un sonido que es como una declaración de intenciones. No hay concesiones: un chirrido molestísimo capaz de desalentar a los oyentes menos pacientes; y al fondo sonando, como en una dimensión paralela, el “Satisfaction” de los Rolling Stones y el “All You Need Is Love” de los Bítels.
El periodista y productor musical Uwe Nettelbeck, mentor de la aventura fáustica -y fallecido el 17 de enero del presente año- dijo en 1973:
“La idea era no copiar nada de lo que ocurría en la escena rock anglosajona… y funcionó.”
“Siempre nos gustó la idea de publicar discos que no estuvieran del todo “acabados” en términos de producción. La música debería sonar como un “bootleg”, como si alguien grabara a un grupo ensayando y cortara y editara todo salvajemente”
Faust ensayando, en 1971
Me resulta difícil describir algo tan desestructurado. Es como un descampado lleno de alambres retorcidos y hierros oxidados, con un piano de juguete y el sonido de las factorías al fondo. Voy a hacer establecer una analogía un tanto idiota pero que puede servir. En “El Vientre de un Arquitecto” (cito de memoria, es posible que me equivoque) el protagonista Stourley Kracklite se encuentra frente al Mausoleo de Augusto y comenta cuánto mejor lucen los edificios de Roma como ruinas; son infinitamente más sugerentes, dice, dejan un vacío dispuesto a ser rellenado por la imaginación. Cuando estuve paseando por los Foros Imperiales en Roma, recordé esas palabras: estaba profundamente impresionado… Como ocurrió a muchos otros antes, el poder evocador de las ruinas me tenía hechizado.
Aunque no es el mismo caso, evidentemente, hay algo en esta música que me produce una sensación semejante. Aquí nada está terminado, la sorpresa es constante: al lado de una melodía de piano, después aparece un riff con guitarras y trompetas estúpido y adictivo como pocos (que reaparece en discos posteriores); más allá, burbujitas electrónicas, una conversación en alemán, un órgano tocando un vals ralentizado, bosquejos de melodías pop.
En directo en Lyon en 2006
Lo particularmente sorprendente es lo divertido que resulta escucharlo. La primera vez quizá resulte demasiado raro, pero a la segunda escucha comienza a revelar su caótico encanto. Como un paseo por un descampado, donde crecen flores entre moldes de cemento, como una carretera permanentemente en obras, como un edificio en ruinas, así es la música de Faust. En los siguientes discos comenzarán a adoptar, como dije, estructuras algo más convencionales… Pero en cuanto a experimentación abrasiva, destructora e inspiradora a partes iguales, en cuanto a dadaísmo rock, nada supera a su primer álbum.
Faust se reunieron en los noventa tras algunos años apartados de la creación y actualmente siguen en la brecha, dando conciertos con motosierras y metales, algo parecido a lo que hacía La Fura dels Baus en sus comienzos. No me importaría verlos en directo si se presentara la ocasión; por el momento, sigo con sus fascinantes elepés y quizá eche un vistazo al DVD que editaron hace poco. Recomiendo que hagan lo mismo, quizás les guste tanto como a mí.
“Satori” en el Budismo Zen, viene a significar iluminación; es el momento en el que se “comprende”. El título, para el disco que nos ocupa (parido en 1971) no es del todo exagerado, pues este pastillote de rock arcaico y mutante contiene, a lo largo de sus cinco surcos, todas las propiedades hipnóticas y tranceáticas del rock’n’roll. En principio, se podría decir que recuerdan, más o menos, a una amalgama de Black Sabbath, King Crimson y Led Zeppelin; aunque en verdad no se parece excesivamente a ninguno de ellos (quizá un poco más a Black Sabbath), pues los Flower Travellin’ Band desarrollaron un sonido totalmente único y sin abandonar del todo la idiosincrasia propia de su lugar de origen: sonidos de gong y algún que otro instrumento similar, pero sobre todo ese toque raro, insular e indudablemente nipón capaz de utilizar clichés occidentales para pervertirlos. Las pistas llevan títulos al estilo del rock progresivo: (“Satori Part I”, “Satori Part II” y asín sucesivamente).
¿Cómo suenan? Imagina que estás en pleno neolítico (¡imagínatelo, coño!) bajo el abrigo de una cueva, pintando bisontes con grasa y revolcándote en la mugre. De repente, mientras te sacas una pelotilla de entre los dedos de los pies, escuchas un extraño sonido reverberando en la planicie y sales a ver qué ocurre: y allí te encuentras el increíble espectáculo. Nada más y nada menos que cuatro nipones jipiosos: Uno blandiendo una guitarra sin cables, como conectada a la energía del cosmos, otro tocando la batería con baquetas de piedra… y el cantante, que responde al nombre de Akira “Joe” Yamanaka, porta un extravagante afro en la testa que capta tu atención de inmediato; pero cuando llena sus pulmones y grita (¡uno de los mejores gritos de la historia del rock!) sabes que has caído definitivamente bajo su poder chamánico.
"Satori Part I" en la peli "Deadly Outlaw: Rekka" del chiflado de Takashi Miike
El guitarrista, un troglodita conocido como Hideki Ishima, extrae sus primeros riffs con contundencia, como si estuviera golpeando piedra en una cantera. Un riff burraco, simple, primitivo, pero con un poder inenarrable que lo hace rebotar en las paredes de tu cerebro. De nuevo Akira, con su impresionante y peculiar voz (que no aparecerá demasiado a lo largo de este disco, por desgracia -o por fortuna para los que no puedan con ella), vuelve a emitir sus gritos megalíticos:
¡¡Oh-oh-ah-oh-oh-oh-oh-oh-oh-ooh-oooh-ooooooh!!
En la segunda parte entra en juego la psicodelia guitarrística: la primera vez que la escuché me parecía como si Hideki se hubiese quedado completamente colgado, encerrado en un bucle, tocando las mismas notas una y otra vez. Pero en realidad está eliminando de tu cerebro toda certeza que pueda quedarte acerca de cómo “debe” sonar una guitarra, y de paso, perforando y aniquilando tu consciencia hasta convertirte en un guiñapo gelatinoso. El sonido va directo, directito a la sesera hasta dejarte los ojos en blanco.
"Satori Part II" en su último concierto en Maruyama
Destaca también la tercera ración, que introduce el riff de los riffs, un pedrusco con reminiscencias mesorientales, un glorioso mazacote a lo Amon Düül II y que por lo visto les gustó tanto que lo han reutilizado en alguna otra canción (“Hiroshima”, del siguiente álbum“Made in Japan” de 1972). No me extraña nada, porque es MATADOR; te cala de la cabeza a los pies, hasta el tuétano de los huesecillos. En la cuarta oración tenemos un ejemplo de cómo se pueden tocar dos notas en la armónica durante tres minutos o más y enganchar al oyente, deslizándose por un páramo de blues lisérgico y marciano, hasta que Hideki, Joji Wada (el batería) y Jun Kozuki (bajo) vuelven a comportarse como fundamentalistas picapedreros. Gloria bendita, y por supuesto también la semilla de grupos como Kyuss o Queens of the Stone Age.
Finalmente, para rematar la espléndida faena, unas pocas lonchitas más de arcaísmo y Akira poseído por Hoichi el desorejado.
La única canción cantada en japonés en este egregio monumento al lito-rock se llama “Map” y es un bonus track que apareció en algunas versiones del LP. Pero para mi gusto, desentona un poco con lo que acabamos de oír; es una psicodelia algo más melódica y no encaja en el conjunto. Pero no está mal.
Una cosa está clara: esto es buena mierda. Mierda auténtica. Eso sí, es preciso ponerla a un volumen aceptable para conseguir los efectos deseados. Y el CD me parece que ni en la fnac ni en sitios así lo tienen, aunque en alguna tienda de Internet, como amazon , sí que está. Y en cuanto al vinilo, miradita al eBay y pastón al canto, por supuesto. Pero la verdad es yo casi diría que lo vale, si es que puedes pagarlo (no es mi caso, todo tuyo).
Por supuesto, siempre puedes bajarlo. En soulseek soy kleinempfanger, por si os interesa.
Buscando cosas sobre Nico me encontré con la página de un tipo al que había perdido de vista durante bastante tiempo: el sin par Julian Cope. Este hombre, como bien sabrá el lector (si no, probablemente, habrá dejado de leer más o menos a esta altura) era miembro de los Teardrop Explodes, uno de los conjuntos post-punk más destacados de la escena de Liverpool. Se separaron muy pronto y tras la ruptura Cope emprendió una estimable carrera en solitario. Yo no he escuchado todos sus discos, pero sí puedo decir que el primero que sacó, “World Shut Your Mouth” no está nada nada mal y el “Fried” (en cuya portada aparece cubierto únicamente con una concha de tortuga) y el “Saint Julian” son también recomendables y, por cierto, bastante más pop (aunque con un acusado toque psicodélico que me temo ha ido acrecentándose con los años) de lo que podría uno pensar al ver los discos tan raros que comenta en su maravillosa página.
Página que es, sin lugar a dudas, una de las mejores que se pueden encontrar en toda la red. Es una auténtica mina, empezando por la foto que aparece en recepción: con una gorra de oficial del ejército, una melena larga y descuidada, sin camiseta y con pantalones de cuero. Hay que decir que en 1990 Cope, como Dylan, Ramon Llull o Emanuel Swedenborg en otras épocas, tuvo una revelación que le transformó en el druida que es hoy (él se llama a sí mismo The Archdrude). Lo cuenta así:
“En el verano de 1990 tuve una visión del mundo. En aquella visión vi a la Madre Tierra – Una enorme Diosa que permanecía erguida y orgullosa pero con la cabeza dolorosamente girada hacia atrás ante el tratamiento que la humanidad había elegido darle… El pelo de la Diosa era el viento en torno a la tierra y su brazo izquierdo estaba extendido, la luna girando en el dedo índice de la mano izquierda. Estaba dañada por los residuos químicos y su expresión era de extática tristeza religioso-espiritual. Había rayos de brillante luz perforando el centro de su cráneo igual que el agujero de ozono permite a la luz del sol perforar el polo norte. Esta clásica imagen mística de iluminación del alma reflejaba irónicamente la supuesta muerte del mundo a través del efecto invernadero. Era una absurda espada de doble filo. La enorme Madre Tierra estaba en pie en el mismo borde del más alto acantilado del infinito –y a punto de saltar… Tuve que hacer un disco sobre la locura de la situación.”
Ese disco fue “Peggy Suicide” (que es como él llama desde entonces a la tierra). Yo lo vi en directo hace unos años, en el Primavera Sound, y fue memorable. Tocaba al mismo tiempo que Teenage Fanclub, así que no tuve problemas para decidirme porque Teenage Fanclub no me han gustado nunca; delante estaba Santi Carrillo. Salió hecho un Panorámix de la vida con gafas oscuras y soltó un rollo en inglés del que no pude comprender una palabra. Se subió la capucha, pisó uno de los pedales y ahí estuvo una hora con reverberaciones, loops, distorsión y psicodelia en estado puro. Mucha gente se fue espantada pero algunos quedamos cautivados.
Además de su faceta de músico, gusta también de escribir: publicó un libro sobre el rock alemán de finales de los sesenta y principios de los setenta llamado Krautrocksampler. Salió en 1995 y desgraciadamente está descatalogado hace tiempo… lo he bajado pero quiero una copia, a ver si un día en e-Bay pillo alguna. También tiene varios sobre el neolítico en Inglaterra y temas semejantes, porque está como loco con Stonehenge, Avebury y todos esos sitios. Y ahora va a sacar uno que aunque fuera sólo por la portada merecería la pena comprar: Japrocksampler.
Además en él aparecerán con detalle cantidad de grupos nipones interesantes y raritos como Flower Travellin’ Band, Acid Mothers Temple, Les Rallizes Dénudés o Tokyo Kid Brothers. De Flower Travellin’ Band comentaré en otro momento su "Satori". Buena mierda, sin duda.