Geinoh Yamashirogumi - Osorezan

9 de Octubre de 2007

 

 

Geinoh Yamashirogumi . Osorezan - Dou No Kenbai (1976)

(Invitation/RCA Victor)

1. Osorezan (18:51)
2. Dou No Kenbai (18:40) 

 
Geinoh Yamashirogumi es un colectivo musical fundado en 1974 por Shoji Yamashiro (Tsutomu Ôhashi) que alberga en su seno a unos doscientos miembros provenientes de campos profesionales muy diversos: ingenieros, médicos, periodistas, antropólogos, etcétera. Su forma de trabajar, y su bizarría en general, recuerda a alguna de las comunas hippies formadas tras Segunda Guerra Mundial en países como Alemania o Japón. Su obra más conocida, sin lugar a dudas, es la estupendísima banda sonora de Akira, el anime post-apocalíptico par excellence, que realizaron ya en 1987. Los sonidos coloristas y percusivos del gamelan, los cantos budistas shohmyoh y voces de pesadilla, electrónicamente manipuladas, se unían a un trasfondo y una producción de sonido hightech, creando un potaje la mar de sabroso.

Geinoh Yamashirogumi 
Este grupo se ha dedicado sobre todo, por lo visto, a la recopilación de músicas de diferentes lugares (Indonesia, China, Bali, Bulgaria…), todas ellas reelaboradas en su estudio, bien nutrido de aparataje diverso. El resultado consiste -al menos a mis oídos y en base a lo que llevo catado, que no es mucho- en marcianadas algo insípidas, que sólo en algunos casos consiguen captar mi interés. Y yo voy a hablar precisamente de uno de esos casos, aunque tampoco pienso extenderme demasiado, porque ¿qué se puede decir de cosas así? No mucho, la verdad. Se trata de Osorezan - Dou No Kenbai (1976), su primera grabación (que, hay que precisar, no incluye sonidos electrónicos de ningún tipo) incluida en el Top 50 del Japrocksampler, que ya comenté posts atrás.

Lo podéis descargar sin ningún tipo de mala conciencia, pues está descatalogado. Quizá lo reediten ahora que Cope lo ha difundido un poco, pero no contaría mucho con ello. De todas formas, yo si lo comprara lo preferiría muy mucho en vinilo, que mola un millón de veces más que los putos cedeses. Odio la maldita y típica jewel case de plásticucho barato (una de las peores aberraciones jamás cometidas en diseño). Y esas portaditas minúsculas… no sé, a mi, francamente, siempre me han parecido una caca. Aunque sí, tengo un buen puñado de cedeses tirados por ahí; qué remedio.

El Monte Osore (Osorezan), situado en la península Shimokita, al noroeste de la isla de Honshu, es referido en la tradición japonesa como la puerta del infierno (concepto este contenido en muchas otras tradiciones, como la islandesa, donde el pasaje al inframundo se encuentra en el Dimmuborgir). En ambos casos, se trata de paisajes volcánicos, devastados por la acción de un tiempo más allá de lo concebible, cuyo equivalente en España podríamos encontrarlo en las Islas Canarias, por ejemplo en los bellos parajes tinerfeños. En el Monte Osore, los vientos silban amenazadores y los fosos de azufre bullen junto a la paz de un templo zen. Una vez al año, en un festival que se celebra en Julio, las itako, unas mujeres ciegas con poderes mediúmnicos, canalizan a través de su cuerpo los espíritus de los muertos. Me encantaría ver eso, ¿a vosotros no?

Mi agüita amarilla 
Como comenté antes, poco puede decirse de este artefacto. Consta de dos piezas de alrededor de 19 minutos. La cosa empieza fuerte, con un grito primario, a pleno pulmón, de una mujer. Controla el volumen si no quieres llevarte un buen susto o partir algún cristal. Las voces de los muertos son evocadas con gran eficacia, gracias a la sofisticada producción sónica, muy pulida (pero sin llegar a estropear la intensidad). Parece uno encontrarse a los pies de la montaña, en plena noche, dando pie a las más terribles sugestiones. La percusión va entrando poco a poco, sin un patrón definido, y consigue desorientarte. ¡Dios… qué voces! Terroríficas. Va tomando forma una especie ritmo de jazz-rock progresivo, formado por bajo, batería, guitarra (con wah-wah tó setentero y hendrixiano) un saxo y esas voces infernales flotando constantemente alrededor; pero ya nos encontramos en un terreno algo más familiar. La pieza alcanza un clímax frenético y demencial y se sume en sus últimos cuatro minutos en el susurro de los vientos, acariciando todas esas rocas mutantes.

La segunda parte ya es bastante más tradicional, y por tanto menos sorprendente (aunque esto podría matizarse). Es una especie de representación teatral (desconozco qué tipo de teatro es, quizá sea Noh pero no estoy seguro de ello… si alguien lo sabe, que lo diga, per favore). Son interesantes las voces (prácticamente lo único que suena aquí), por lo extrañas y violentas que son: sucediéndose en un bucle, permutándose, parando en seco con la contundencia de una katana.

En el vídeo, Doll’s Polyphony, de la BSO de Akira, con las vocecillas raras

En fin, que para mi gusto la primera cara es lo más curioso e interesante. Si quieres probar, descarga, y si no, pues no. La verdad es que me da un poco igual.
 
Descárgalo aquí, si lo deseas

Japrocksampler

6 de Septiembre de 2007

Julian Cope ha publicado al fin su esperado volumen acerca del rock japonés de los 60 y los 70, Japrocksampler. De Bach al rock japonés de los 70 y tiro porque me toca. Va a ser cosa de pedirlo en el Amazon de la pérfida albión porque parece bastante interesante; tiene pinta de ser algo más extenso y más “serio” que su anterior libro -aunque esto hablando del amigo Cope hay que matizarlo siempre-, el cual ya mencioné por aquí: Krautrocksampler. En su página ya han publicado lo que todo el mundo esperaba: Su selección de los 50 mejores discos de la época, que adjunto aquí por si a alguien, por alguna razón, pudiera interesarle (hay de todo en este mundo):

 

Flower Travellin’ Band – Satori
Speed, Glue & Shinki – Eve
Les Rallizes Denudes – Heavier Than a Death In The Family

Far East Family Band – Parallel World
J.A. Caesar – Kokkyou Junreika
Love Live Life + 1 – Love Will Make a Better You
Masahiko Satoh & Soundbreakers – Amalgamation
Geinoh Yamashirogumi – Osorezan
Takehisa Kosugi – Catch-Wave
J.A. Caesar – Jasumon
Far Out – Nihonjin
Les Rallizes Denudés – Baby Blind Has It’s Mothers Eyes
Tokyo Kid Brothers – Throw Away The Books, We’re Going Out In The Streets

Far East Family – Nipponjin
Speed, Glue & Shinki – Speed, Glue & Shinki
People – Ceremony – Buddha Meets Rock
Blues Creation – Demon & Eleven Children
Flower Travellin’ Band – Made In Japan
Karuma Khyal – Alomoni 1985
Les Rallizes Denudés – Flightless Bird (yodo-go-a-go-go)
Masahiko Satoh & New Herd Orchestra – Yamatai-Fu
Magical Power Mako – Jump
Kuni Kawachi & Friends - Kirikyogen
Brast Burn - Debon
Akira Ishikawa & Count Buffaloes - Uganda
Flower Travellin’ Band - Anywhere
J.A Caesar & Shirubu - Shin Toku Maru
Gedo - Gedo
Les Rallizes Denudes - December’s Black Children
Datetenryu - Unto 1971
East Bionic Symphonia - East Bionic Symphonia
Stomu Yumashita & Masahiko Satoh - Metempsychosis
Taj Mahal Travellers - July 15, 1972
Toshi Ichiyanagi - Opera inspired by the works of Tadanori Yoko’o
Taj Mahal Travellers - August 1974
Seishokki - Organs of Blue Eclipse (1975-77)
Joji Yuasa- Music for Theatrical Drama
Group Ongaku - Music of Group Ongaku
Far East Family Band - The cave Down to Earth
The Jacks - Vacant World
3/3 - Sanbun No San
Blues Creation - Live
Various Artists - Genya Concert
Toshi Ichiyanagi/Michael Ranta/Takehisa Kosugi - Improvisation SeP.1975
Itsutsu no Akai Fusen - Flight 1&2
Maru Sankaku Shikaku - Complete Works (1970-73)
Yonin Bayashi - Ishoku-Sokuhatsu
The Helful Soul - 1st album

Conozco apenas cuatro o cinco de entre todo este revoltijo, mayormente setentero. Es muy posible que una parte de ellos sean horrores sólo soportables por cerebros muy “particulares” o Sydbarrettianos, como es el caso de Cope, o no pasen de esa fascinación extraña que ejercen las copias niponas de sus equivalentes anglosajones. El “Satori” de Flower Travellin’ Band (ya hablé de él), me parece muy bueno, como también el abrasador “Heavier Than a Death In The Family”, de los Rallizes Denudes, mítica banda relacionada con el Ejército Rojo Japonés y con el secuestro de un avión de pasajeros en 1970, y de los que no existen más que grabaciones en directo: a precio de oro. Bájenselas.


Les Rallizes Denudes tocando "Night of the Assassins" en directo en 1976

Más información aquí.

OOIOO - UMO

26 de Agosto de 2007

Vi este vídeo (sin música) en la tele de un café, en París y me llamó la atención. Luego me he dado cuenta de que era de un grupo, OOIOO, que me habían recomendado recientemente, y cuyo nombre no sé cómo debe ser pronunciado. Sólo sé que está fundado por Yoshimi P-We, de los Boredoms de Osaka, una mítica banda del rock nipón, que es conocida entre otras cosas por su performance llamada 77BOADRUM (77 baterías tocando a la vez el 7 de Julio de este año, durante… 77 minutos).

El vídeo lo dirige un tal Shoji Goto. La canción es del año pasado, de su disco Taiga(2006), pero da igual. El vídeo me hipnotiza, me quedo mirándolo como un jelipollas. Mola.

El imperio de los sentidos

24 de Julio de 2007

Sada vagó alrededor de Tokyo durante cuatro días llevando en la mano la parte de Kichi que había cortado de su cuerpo. Quienes la detuvieron quedaron sorprendidos por la expresión de felicidad que irradiaba su rostro. El caso impresionó a todo el Japón y la compasión del pueblo hizo de ella una mujer extrañamente popular. Estos sucesos ocurrieron en 1936.

Siempre he tenido interés en todo aquello que camina por el lado oscuro del sexo. Las oscuras pulsiones que me dominaron durante mi despertar generador (y que todavía me visitan alguna que otra vez), unidas a la tramposa y pelmaza “liberación” sexual actual (que parece empeñada en convertir las relaciones sexuales en una especie de gimnasia y en convertir a los individuos en esclavos del mercado sin esperanza alguna) me han invitado a mirar hacia el fondo de ese terrible abismo, sin haber llegado nunca a lanzarme. Los libros de Sade, los manga de Maruo, los fríos y asépticos (quizá demasiado para mi gusto) tebeos de Miguel Ángel Martín, o películas como El imperio de los sentidos, como saben ustedes, exploran esos oscuros parajes.

El otro día me sumergí en su visionado por primera vez. Recuerdo que mis padres tenían entre sus estanterías una enciclopedia del cine en dos tomos, que dieron en Diario 16; en mi turbulenta sexualidad emergente, y puesto que sin Internet era mucho más difícil encontrar materiales sugerentes, las imágenes de Silvana Mangano, Corinne Cléry o Béatrice Dalle me envarillaban de lo lindo. Pero sobre todo, había una de Eiko Matsuda y Tatsuya Fuji en una escena cumbre de esta polémica película de Nagisa Oshima: ella montada sobre su miembro, con la boca entreabierta y los ojos cerrados, al tiempo que estrangula a su amado. Y además, con el chochito sin afeitar. Mano de santo, of course.



Eros y Tanatos, decía el pie de foto. El impulso tanático llevado a su consecuencia última: castración, muerte. La mantis religiosa devora la cabeza del macho durante el coito; Sada corta el pene de su amante porque está tan obsesionada con él que nunca podrá dejar de desearlo. Nunca podrá satisfacer su deseo devorador, y llevada por ese impulso de destrucción y anulación del cuerpo que late en el fuego sexual, ha de seccionarlo y hacerlo suyo de la manera más cruel y definitiva. Las Ménades y Orfeo, Edipo Rey, Erzsébet Báthory… muerte y sexo, terriblemente unidos desde milenios atrás, desde los primeros estertores.

¿Alguna vez sus amantes les pidieron un estrangulamiento? ¿O unos buenos azotes y bofetadas? Yo he llegado a la conclusión (por la reiteración de este tipo de situaciones) de que es de lo más común. Quizá me equivoque; en cualquier caso nadie sabe lo que pasa en alcobas y picaderos. Las encuestas sobre sexo son lo más absurdo que existe y pensar que eso puede acercarse a la verdad es de una ingenuidad extrema. ¿Nunca he dicho que odio las jodidas encuestas? ¡Qué asco! 

Algo que no se comenta jamás dentro del discurso de la liberación sexual es el monstruo devorador en que puede llegar a convertirse el sexo si se convierte en el centro absoluto de una vida. Esto no tiene nada que ver con la represión, sino con un cierto dominio de uno mismo (nada fácil…). Mucho me temo que el género masculino tiene todas las de perder en este sentido y me basta cualquier noche para reafirmarme: veo a todos los hombres convertidos en cerdos y cayendo presas del clásico juego femenino: “mírame las tetas… pero no me las mires” (a no ser, claro, que tengan dinero para saltarse esa parte).  Es algo triste y deprimente ver sus caras tras el fracaso, cuando ya saben que tendrán que terminar su noche con un pajote castellano frente al PC. Puros desperdicios de simiente. Sí, a mí eso me ha pasado más de una vez, pero ya estoy cansado de esa mierda. Que se jodan todos.


 
En cuanto a El Imperio de los sentidos, es cine erótico (o pornográfico, me importa un bledo) con mayúsculas. Se ven tetas, coños, pollas y fluidos en todo su esplendor. En Japón estuvo prohibida hasta el año 2001, supongo que por lo explícito; allí todas las películas porno, por lo menos las legales, llevan “mosaico” y pixelan los genitales, no importa el grado de perversión alcanzado. En una ocasión vi una escena de una de ellas, que consistía en un concurso de vómitos. Una de las chicas intentaba potar los fideos sin éxito y reía todo el rato, mientras otra zoomórfica muchacha sacaba como toneladas de materia de su pequeño cuerpecillo. Sus coñitos estaban pixelados en todo momento.

Huelga decir que me pasé toda la película empalmado. Los hoyuelos de la Matsuda (Sada), su piel blanca, sus dientecillos de conejo… La escena en la que se pone en cuclillas como una gallinita para “poner” el huevo que Kichi-san le ha metido en el coño, la muy excitante mamada que le hace sin decir ni una palabra… todo ello consiguió mantener mi verga enhiesta durante la totalidad del metraje. La carne huele, suda, el calor se extiende por las habitaciones. Nada se oculta, y sin embargo se aleja muy mucho de la pornografía prostética, con sus primeros planos ginecológicos y su total y absoluta carencia de morbo.

Lo raro es que no me hiciera ni una paja, ¿será que empiezo a controlarme? Ja, ja, ja.

Flower Travellin’ Band: Satori

19 de Junio de 2007

“Satori” en el Budismo Zen, viene a significar iluminación; es el momento en el que se “comprende”. El título, para el disco que nos ocupa (parido en 1971) no es del todo exagerado, pues este pastillote de rock arcaico y mutante contiene, a lo largo de sus cinco surcos, todas las propiedades hipnóticas y tranceáticas del rock’n’roll. En principio, se podría decir que recuerdan, más o menos, a una amalgama de Black Sabbath, King Crimson y Led Zeppelin; aunque en verdad no se parece excesivamente a ninguno de ellos (quizá un poco más a Black Sabbath), pues los Flower Travellin’ Band desarrollaron un sonido totalmente único y sin abandonar del todo la idiosincrasia propia de su lugar de origen: sonidos de gong y algún que otro instrumento similar, pero sobre todo ese toque raro, insular e indudablemente nipón capaz de utilizar clichés occidentales para pervertirlos. Las pistas llevan títulos al estilo del rock progresivo: (“Satori Part I”, “Satori Part II” y asín sucesivamente).

¿Cómo suenan? Imagina que estás en pleno neolítico (¡imagínatelo, coño!) bajo el abrigo de una cueva, pintando bisontes con grasa y revolcándote en la mugre. De repente, mientras te sacas una pelotilla de entre los dedos de los pies, escuchas un extraño sonido reverberando en la planicie y sales a ver qué ocurre: y allí te encuentras el increíble espectáculo. Nada más y nada menos que cuatro nipones jipiosos: Uno blandiendo una guitarra sin cables, como conectada a la energía del cosmos,  otro tocando la batería con baquetas de piedra… y el cantante, que responde al nombre de Akira “Joe” Yamanaka, porta un extravagante afro en la testa que capta tu atención de inmediato; pero cuando llena sus pulmones y grita (¡uno de los mejores gritos de la historia del rock!) sabes que has caído definitivamente bajo su poder chamánico.

¡¡Yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhh!! 

"Satori Part I" en la peli "Deadly Outlaw: Rekka" del chiflado de Takashi Miike

El guitarrista, un troglodita conocido como Hideki Ishima, extrae sus primeros riffs con contundencia, como si estuviera golpeando piedra en una cantera. Un riff burraco, simple, primitivo, pero con un poder inenarrable que lo hace rebotar en las paredes de tu cerebro. De nuevo Akira, con su impresionante y peculiar voz (que no aparecerá demasiado a lo largo de este disco, por desgracia -o por fortuna para los que no puedan con ella), vuelve a emitir sus gritos megalíticos:

¡¡Oh-oh-ah-oh-oh-oh-oh-oh-oh-ooh-oooh-ooooooh!!

 En la segunda parte entra en juego la psicodelia guitarrística: la primera vez que la escuché me parecía como si Hideki se hubiese quedado completamente colgado, encerrado en un bucle, tocando las mismas notas una y otra vez. Pero en realidad está eliminando de tu cerebro toda certeza que pueda quedarte acerca de cómo “debe” sonar una guitarra, y de paso, perforando y aniquilando tu consciencia hasta convertirte en un guiñapo gelatinoso. El sonido va directo, directito a la sesera hasta dejarte los ojos en blanco.

"Satori Part II" en su último concierto en Maruyama

Destaca también la tercera ración, que introduce el riff de los riffs, un pedrusco con reminiscencias mesorientales, un glorioso mazacote a lo Amon Düül II y que por lo visto les gustó tanto que lo han reutilizado en alguna otra canción (“Hiroshima”, del siguiente álbum“Made in Japan” de 1972). No me extraña nada, porque es MATADOR; te cala de la cabeza a los pies, hasta el tuétano de los huesecillos. En la cuarta oración tenemos un ejemplo de cómo se pueden tocar dos notas en la armónica durante tres minutos o más y enganchar al oyente, deslizándose por un páramo de blues lisérgico y marciano, hasta que Hideki, Joji Wada (el batería) y Jun Kozuki (bajo) vuelven a comportarse como fundamentalistas picapedreros. Gloria bendita, y por  supuesto también la semilla de grupos como Kyuss o Queens of the Stone Age.

Finalmente, para rematar la espléndida faena, unas pocas lonchitas más de arcaísmo y Akira poseído por Hoichi el desorejado.

La única canción cantada en japonés en este egregio monumento al lito-rock se llama “Map” y es un bonus track que apareció en algunas versiones del LP. Pero para mi gusto, desentona un poco con lo que acabamos de oír; es una psicodelia algo más melódica y no encaja en el conjunto. Pero no está mal.

Una cosa está clara: esto es buena mierda. Mierda auténtica. Eso sí, es preciso ponerla a un volumen aceptable para conseguir los efectos deseados. Y el CD me parece que ni en la fnac ni en sitios así lo tienen, aunque en alguna tienda de Internet, como amazon , sí que está. Y en cuanto al vinilo, miradita al eBay y pastón al canto, por supuesto. Pero la verdad es yo casi diría que lo vale, si es que puedes pagarlo (no es mi caso, todo tuyo).

Por supuesto, siempre puedes bajarlo. En soulseek soy kleinempfanger, por si os interesa. 

¡¡Oh-oh-ah-oh-oh-oh-oh-oh-oh-ooh-oooh-ooooooh!!

El aliento de mi gato huele a comida de gato

2 de Mayo de 2007

Hasta ahora pensaba que en Asia se cocinaba a los gatos antes de merendárselos.

Pero por lo visto no siempre es así…

 

Yo… soy… Tetsuo

22 de Abril de 2007

"El acto surrealista más puro consiste en bajar a la calle, revólver en mano, y disparar al azar"

André Breton, Segundo Manifiesto Surrealista, 1930.

Una mezcla de repulsión y fascinación me sacuden el organismo estos días, con la noticia de la matanza de Virginia Tech; me he quedado hipnotizado al ver las fotos de este überpajero coreano con un martillo (esa en concreto, como ya se ha visto en los medios, recuerda a una escena de la delirante Oldboy) o con la pipa en la sien, apuntando a la cámara, etcétera.

 

El motivo por el que Cho Seung-hui decidió coger la Glock y liarse a tiros con todo lo que se moviera es espinoso y complicado, sobre todo para muchos intereses creados. Así que, mucho me temo, no se va a profundizar en el meollo del caso; no se hizo cuando ocurrió lo de Columbine y no se hará ahora. Por tanto, aunque sea lamentable, no creo que sea muy arriesgado decir que volverá a repetirse, aunque también es cierto que la violencia se da a escala global y que vivimos en una especie de barbarie generalizada. ¿Tan extraño es que ocurra esto?

Cuando iba al instituto, Cho era blanco de burlas por su nacionalidad, por su inglés defectuoso y por su extraña manera de hablar. En Asia él y su familia sufrían penalidades económicas, así que se trasladaron a Estados Unidos para intentar mejorar su situación. Probablemente ya se habría formado en su Corea del Sur natal gran parte del pajerismo terminal que le caracterizaba. Pero tener que ver todos los días los Mercedes con llantas de 19 pulgadas por el campus, las sonrisas perfectas de los atletas, y todas las chicas torciendo el morro ante su presencia, acabó por crear una amarga y letal pelotita de celos, odio y resentimiento.

Después de todo eso no he podido evitar pensar en cuántas veces he deseado machacar a los cabronazos que me jodían la existencia en el colegio. Nunca he recibido palizas ni ningún daño físico importante, a diferencia de otros, pero fue bastante coñazo tener que soportar durante varios años, día sí día también, el acoso de esos subnormales. Recuerdo esa angustia en el estómago constante, mirar por todos los lados en el camino de vuelta a casa, o esconderme por los rincones del edificio para que no me vieran. Y a pesar de que después toda esta tensión se relajó (odiaba todavía más el instituto, pero tenía que sobreponerme o dejarme hundir del todo), la verdad es que algo de toda esa basura acaba quedando. Se quedan neurosis, inseguridades… bah.

 

Supongo que, en parte por lo asiático, me ha venido a la cabeza el personaje de Tetsuo Shima, el mutante de Akira. Esta es una de las películas que mayor impresión me ha causado, pese a que la reconozco bastante fallida (el manga es mejor narrativamente hablando; por lo menos se puede seguir). Pero nunca, nunca olvidaré la primera vez que la vi; tendría siete u ocho años y no sabía qué es lo que me iba a encontrar. No entendí absolutamente nada del argumento, pero esas imágenes hiperviolentas e hipercinéticas se me quedaron grabadas para siempre. La volví a ver cosa de once o doce años después y volví a quedar fascinado. La animación, mucho más fluida que la media japonesa, seguía siendo increíble (y lo sigue siendo ahora) a pesar de los avances técnicos desde que se realizó. La banda sonora, a cargo del colectivo Geinoh Yamashirogumi, es gloriosa y potencia la sugestión de la imagen hasta extremos épicos.

Cho se da un aire a Tetsuo, que es el pringado del grupo de motoristas, el canijo del que todos se ríen. Hasta que viene todo el rollo de los poderes psíquicos y destruye todo lo que encuentra a su paso: tanques, edificios, toda la ciudad de Neo-Tokio. Tetsuo es infinitamente más cool que Cho, de eso no cabe la menor duda. Además, por si fuera poco, se transforma en un monstruo-bebé de órganos extraños y cables que crece y crece hasta ser absorbido por una energía superior (Akira) en un demencial final apocalíptico. No, no hay ni punto de comparación. Cho es un producto patético, pero real, de una sociedad profundamente enferma e hipócrita (que nos empeñamos en copiar en todos sus peores aspectos); y Tetsuo es producto de la imaginación del gran Katsuhiro Otomo.

Me quedo con Tetsuo, pero de lejos. ¡Kaneeeedaaa!

Kenji Mizoguchi

21 de Diciembre de 2006

¿Quiere usted que hable de mi arte? Es imposible. Un director de cine no tiene nada que decir que merezca la pena ser dicho.  (…) Digamos que un hombre como yo siempre está alentado por el clima de la belleza”

Vuelvo a ver Cuentos de la luna pálida (1953), la película más popular de Kenji Mizoguchi.

La he visto varias veces, cosa que no hago con muchas películas; en realidad, ni siquiera me gusta el cine. He de decir antes que nada que soy un niponófilo sin remedio; mi fascinación por ese país y sus habitantes siempre ha sido intensa. Me interesa tanto el Japón antiguo como el moderno. Nunca he estado allí, pero desde luego me encantaría permanecer unos meses cada año para reposar de esta ciudad, tan provinciana, ruidosa y vulgar. Además, no poder hacer sushi con arroz La Fallera es un palo.

Ah, (suspiro) Japón y sus gentes…me gustan sus modales exquisitos, su comida, su idioma, y también sus mujeres. Aunque me he dado cuenta de que muchas tienen los dientes hechos un Cristo, lo sutil, elegante y femenino de sus gestos y mohínes son suficientes para provocarme una excitación sublime, o en su defecto, una trempera sagrada. Podría cantar en esos momentos algo como lo que cantaba el Zurdo:

"Mi dulce geisha / es sumamente amable / tiene dos luces oblicuas / que sonríen cuando mira / le gusta el pescado crudo / y sabe artes marciales / y su conducta amorosa es muy imaginativa”

Mizoguchi es uno de los directores clásicos del Japón, no tan conocido como Ozu o Kurosawa (se ha perdido la mayoría de su obra) pero basta con ver una o dos películas para ver que es un peso pesado, un artesano genial.

 

Sus películas son lentas, sí. “Un plano, una escena”, viene a ser su divisa. Pero no se trata de una masturbación gratuita y autocomplaciente, sino que es parte integrante de su estilo inimitable. Es observación paciente, detenida, de los gestos. Elegante como una geisha. Cosas como ésta indicaba el tirano Mizoguchi a su abnegado guionista, Yoshikata Yoda:

“Debes poner el olor del cuerpo humano en imágenes. Describe para mí lo implacable, lo egoísta, lo sensual, lo cruel. No hay nada sino gente repugnante en este mundo.”

Uno puede imaginarse a Yoda cagándose en su puta madre, pero más se cagarían aún los que debían mover una pieza del decorado de varias toneladas unos pocos centímetros, todo ello para lograr el equilibrio deseado por el despótico director. Sencillamente, buscaba la perfección, y no podemos reprochárselo.

Ozu todavía es más zen, pero no acabé de ver ninguna de sus películas. Mizoguchi es Ukiyo-e 24 veces por segundo. Hiroshige, Hokusai, teatro , Shibui. Maestría visual, sin artificios ni efectismos. Simplemente eso, maestría, estilo, dominio, elegancia.¿Te aburres y te dan ganas de levantarte a por galletas? Peor para ti. ¡Imbécil!

Sus películas están hechas bajo las claves del melodrama: lucha de opuestos, determinismo fatal, etc. Normalmente se inspira en obras literarias; Cuentos de la luna pálida está basada en tres cuentos de Akinari Ueda, escritor del s.XVIII. También en otro cuento del gran Guy de Maupassant, Décoré, sobre un burguesote gabacho que quiere la Legión de Honor a toda costa, pero cegado por su codicia no se da cuenta de que su mujer se la pega. En la película, tenemos al personaje de Tobei, algo parecido a un tonto del pueblo que está loco por ser un samurai.

 

Es una Odisea con moraleja de sabor budista: es preciso despegarse de las ilusiones vanas. Genjuro, el protagonista, se deja llevar por la codicia. Cuando todo parece ir bien,  aparece la princesa, una Circe misteriosa, encantadora de hombres, femme fatale. Es la perfección materializada, debe seguirla, no puede apartar los ojos de ella. Pero, ¿es acaso la perfección posible?

El momento en que la Princesa Wakasa aparece entre los vivos, a la luz del día, como una alucinación, es probablemente uno de los momentos más impresionantes que recuerdo en una película. También la entrada en el palacio, y el retozar en el jardín, que se siente como un verdadero Edén. Hay aquí una mezcla de relato fantástico y realidad, bastante rara en Mizoguchi, que prefiere normalmente un enfoque más a ras de suelo (por ejemplo, en la Vida de Oharu, en algunos aspectos superior a ésta). Pero como dice el kokin-shu (una recopilación de poemas Waka del siglo X):

 

 

                                                      “La realidad,

                                     en el fondo de la noche,

        no es más material que el sueño luminoso.”

 

Good morning

10 de Diciembre de 2006

Amor a primera vista. Sólo de pensar en que el señor Nobuyoshi Araki haya intercambiado fluidos con ella… Nah, no creo. A ella sí le llevaría el desayuno; y también la pervertiría un poco. Y Gabriel Matzneff también lo haría. Pero esta es mía; ójala ocupara mis sueños a partir de ahora.

Después de recibir decepciones y más decepciones en mis relaciones con el sexo sensible e inteligente (y por tanto mucho más capaz de ser retorcido y perverso) prefiero refugiarme en mis sueños con adorables japonesitas casi prepúberes.