Sábado Sabadete

27 de Septiembre de 2007

Es noche de sábado en una discoteca del centro de la ciudad. Es éste un local más bien malogrado, puesto que quiso ser la crème de la crème, lo más exclusivo de nuestra amplia oferta nocturna, pero por desgracia se quedó a mitad de camino en su ascenso hacia la élite. Vaya, es un verdadero quiero-y-no-puedo, como por ejemplo podría ser también un Hyundai Coupé. Aún así, no está tan mal, porque al menos ponen algún tema moloncete.

Durante la tarde, en casa de un amigo, nos hemos puesto hasta arriba de cerveza, con lo que casi han desaparecido mis inhibiciones naturales. El tiempo pasa de una forma extraña, no sé si se me está haciendo larga la noche o todo lo contrario. Miro y remiro de forma absolutamente descarada a mi alrededor: pijas, pijas y más pijas. Pijas Lamborghini, pijas Hyundai Coupé, pijas Smart, pijas Twingo; pero pijas al fin y al cabo. Mi cerebro parece desintegrado. Estoy fuera de mí, no soy yo quien se está moviendo, no soy yo quien está bebiendo, no soy yo quien está hablando. ¿Me arrepentiré mañana de las barbaridades que digo? Qué más da, qué más da, qué más da.

¿Dónde está mi timidez natural? ¿Dónde mi vergüenza? Veo a una chica solita, apoyada en una columna, contoneándose discretamente. Tiene cara de no haber roto un plato en su vida: justamente mi tipo. No es espectacular, pero sí es atractiva, y más si la comparo con la que está al lado, que se parece a Jabba the Hut, y no exagero. Me quedo mirándola un rato, mientras ella escudriña todos los rincones. Bah, supongo que estará buscando a su maromo… las chicas no suelen dejarse caer por estos lugares sin compañía… Míralo, ahí está el jodido cabrón que le da a cuatro patas mientras ella pone cara de sorpresa. Y por detrás viene una chica con otro chico. ¡Parejitas!

No puedo dejar de mirarla, cada vez me gusta más. Me gusta cómo se mueve, sus gestos, su cuerpo es agradable y armonioso, como su carita de niña buena. Me doy cuenta, después de un buen rato “investigando”, de que son amigos, no parecen estar liados. Pero ¿y si me equivoco? queda algo de temor a la cagada, ahogado sin duda por la cerveza, aunque persiste. De repente, vuelven a dejarla sola. La chica parece no saber muy bien qué hacer… y yo tampoco, pero ya es demasiado tarde: me he quedado completamente colgado. Abre los ojos, parece que los tiene algo resecos por culpa de las lentillas, como me ocurre a mí… no sé muy bien qué coño pasa, nos miramos, sonreímos, le pregunto acerca de las putas lentes… y, cuando normalmente tendría que haberse largado con sus amigos y mandarme a cascármela con un calculado gesto, seguimos hablando, pasados ya los lastimosos lugares comunes. No me vuelve loca esta discoteca, dice. A mí tampoco, blablabla, nos ponemos a hablar de películas porque me dice que le gusta más ir al cine, hablamos también de la vida, qué se yo.

Bah, ¿para qué dar más detalles?  La cuestión es que conseguí su teléfono, quedamos en su casa y copulamos alegremente, lo que ha cambiado bastante mi humor general. Llevaba muchísimo tiempo de sequía y era insoportable.

Podría decir, de alguna manera, que me siento vacío, pero, francamente, es que estaba ya demasiado lleno.

Y no, no estamos enamorados. ¿Para qué? ¿Para sufrir?

L’amour physique est sans issue.

El imperio de los sentidos

24 de Julio de 2007

Sada vagó alrededor de Tokyo durante cuatro días llevando en la mano la parte de Kichi que había cortado de su cuerpo. Quienes la detuvieron quedaron sorprendidos por la expresión de felicidad que irradiaba su rostro. El caso impresionó a todo el Japón y la compasión del pueblo hizo de ella una mujer extrañamente popular. Estos sucesos ocurrieron en 1936.

Siempre he tenido interés en todo aquello que camina por el lado oscuro del sexo. Las oscuras pulsiones que me dominaron durante mi despertar generador (y que todavía me visitan alguna que otra vez), unidas a la tramposa y pelmaza “liberación” sexual actual (que parece empeñada en convertir las relaciones sexuales en una especie de gimnasia y en convertir a los individuos en esclavos del mercado sin esperanza alguna) me han invitado a mirar hacia el fondo de ese terrible abismo, sin haber llegado nunca a lanzarme. Los libros de Sade, los manga de Maruo, los fríos y asépticos (quizá demasiado para mi gusto) tebeos de Miguel Ángel Martín, o películas como El imperio de los sentidos, como saben ustedes, exploran esos oscuros parajes.

El otro día me sumergí en su visionado por primera vez. Recuerdo que mis padres tenían entre sus estanterías una enciclopedia del cine en dos tomos, que dieron en Diario 16; en mi turbulenta sexualidad emergente, y puesto que sin Internet era mucho más difícil encontrar materiales sugerentes, las imágenes de Silvana Mangano, Corinne Cléry o Béatrice Dalle me envarillaban de lo lindo. Pero sobre todo, había una de Eiko Matsuda y Tatsuya Fuji en una escena cumbre de esta polémica película de Nagisa Oshima: ella montada sobre su miembro, con la boca entreabierta y los ojos cerrados, al tiempo que estrangula a su amado. Y además, con el chochito sin afeitar. Mano de santo, of course.



Eros y Tanatos, decía el pie de foto. El impulso tanático llevado a su consecuencia última: castración, muerte. La mantis religiosa devora la cabeza del macho durante el coito; Sada corta el pene de su amante porque está tan obsesionada con él que nunca podrá dejar de desearlo. Nunca podrá satisfacer su deseo devorador, y llevada por ese impulso de destrucción y anulación del cuerpo que late en el fuego sexual, ha de seccionarlo y hacerlo suyo de la manera más cruel y definitiva. Las Ménades y Orfeo, Edipo Rey, Erzsébet Báthory… muerte y sexo, terriblemente unidos desde milenios atrás, desde los primeros estertores.

¿Alguna vez sus amantes les pidieron un estrangulamiento? ¿O unos buenos azotes y bofetadas? Yo he llegado a la conclusión (por la reiteración de este tipo de situaciones) de que es de lo más común. Quizá me equivoque; en cualquier caso nadie sabe lo que pasa en alcobas y picaderos. Las encuestas sobre sexo son lo más absurdo que existe y pensar que eso puede acercarse a la verdad es de una ingenuidad extrema. ¿Nunca he dicho que odio las jodidas encuestas? ¡Qué asco! 

Algo que no se comenta jamás dentro del discurso de la liberación sexual es el monstruo devorador en que puede llegar a convertirse el sexo si se convierte en el centro absoluto de una vida. Esto no tiene nada que ver con la represión, sino con un cierto dominio de uno mismo (nada fácil…). Mucho me temo que el género masculino tiene todas las de perder en este sentido y me basta cualquier noche para reafirmarme: veo a todos los hombres convertidos en cerdos y cayendo presas del clásico juego femenino: “mírame las tetas… pero no me las mires” (a no ser, claro, que tengan dinero para saltarse esa parte).  Es algo triste y deprimente ver sus caras tras el fracaso, cuando ya saben que tendrán que terminar su noche con un pajote castellano frente al PC. Puros desperdicios de simiente. Sí, a mí eso me ha pasado más de una vez, pero ya estoy cansado de esa mierda. Que se jodan todos.


 
En cuanto a El Imperio de los sentidos, es cine erótico (o pornográfico, me importa un bledo) con mayúsculas. Se ven tetas, coños, pollas y fluidos en todo su esplendor. En Japón estuvo prohibida hasta el año 2001, supongo que por lo explícito; allí todas las películas porno, por lo menos las legales, llevan “mosaico” y pixelan los genitales, no importa el grado de perversión alcanzado. En una ocasión vi una escena de una de ellas, que consistía en un concurso de vómitos. Una de las chicas intentaba potar los fideos sin éxito y reía todo el rato, mientras otra zoomórfica muchacha sacaba como toneladas de materia de su pequeño cuerpecillo. Sus coñitos estaban pixelados en todo momento.

Huelga decir que me pasé toda la película empalmado. Los hoyuelos de la Matsuda (Sada), su piel blanca, sus dientecillos de conejo… La escena en la que se pone en cuclillas como una gallinita para “poner” el huevo que Kichi-san le ha metido en el coño, la muy excitante mamada que le hace sin decir ni una palabra… todo ello consiguió mantener mi verga enhiesta durante la totalidad del metraje. La carne huele, suda, el calor se extiende por las habitaciones. Nada se oculta, y sin embargo se aleja muy mucho de la pornografía prostética, con sus primeros planos ginecológicos y su total y absoluta carencia de morbo.

Lo raro es que no me hiciera ni una paja, ¿será que empiezo a controlarme? Ja, ja, ja.

El aliento de mi gato huele a comida de gato

2 de Mayo de 2007

Hasta ahora pensaba que en Asia se cocinaba a los gatos antes de merendárselos.

Pero por lo visto no siempre es así…

 

Sexo à la japonaise

22 de Marzo de 2007

¡Vive Dios! Hoy necesito relajamiento y solaz después de un día tan enervante; pero creo que lo he encontrado.

Me congratula enormemente que en el Youtube exista una corriente, por decirlo así, de “sexo imaginativo”; de este modo, en lugar de ver por enésima vez al depilado chulo de gimnasio penetrando en el dilatado coño de una anodina pornstar podemos ir un paso más allá. Vixca!

¿Quién necesita volver a ver a un maromo repugnante ejercitándose con la zorrupia de turno y corriéndosele en la cara, todo ello como quien hace pesas? Yo ya no.

Yo ya entré en el s.XXI, definitivamente.



Vale, sé que hay términos medios entre esto y la tópica pornstar plastificada. Pero es que yo tiendo a irme hacia los extremos, qué voy a hacerle. En cualquier caso, gracias, Japón. Tú siempre me has entendido. ¡Kimochi-ii!

Voy a rematar con algo quizá algo menos rarito pero que, directamente, me pierde. Obsérvese el aire de aburrimiento de Momoko (así se llama la chica). Su rostro parece decir: ¡Ríndete ante la belleza de mis quesitos, pobre mortal! Sé de una que estará leyendo esto, moviendo la cabeza de lado a lado y repitiendo: “No tiene remedio, no tiene remedio…” No, no lo tengo. Sabes que caerás algún día y reconocerás al fin la sublime belleza de este fetiche maravilloso.


Bueno, a cascarla…

Praxíteles y otras mariconadas

3 de Marzo de 2007

Bah…no tenía putas ganas de escribir, pero de pronto me encuentro potando letritas aquí. La primavera no me sienta nada bien; formo parte de ese porcentaje de españoles que son poco amigos del polen. También me fastidian los habituales cambios de temperatura, demasiado bruscos… Debería irme a Finlandia, o a Noruega, para aburrirme y refrescarme tranquilamente y sin sentimiento de culpa. Por lo menos mientras dura la invasión mafiosa de los garrulos falleros, bajo el beneplácito de la jefa.

Pues no sé si es la visión continua de la desagradable Tita Rita, o quizá mi tendencia a salirme de madre lo que me atrae últimamente hacía el mundo clásico, más concretamente hacia las hermosas figuras de Afrodita que realizó el celeberrimísimo Praxíteles, sobre todo la Venus Capitolina (es una copia romana que se encuentra en los Museos Capitolinos, en Roma)

 

Me gusta el delicado desnudo, los pechos redondeados, etcétera, etcétera, pero lo que me excita, mayormente, es ese delicioso pudor que muestra al ser “sorprendida” en el baño. ¿Por qué se tapa la diosa? Su grado de pudor indica a la vez el valor que ella otorga a su cuerpo. Sabe que es hermosa y se resiste a ofrecer su belleza divina a los mortales, quiere resguardarse del mirón (hoy en día filas interminables de turistas). Yo, por mi parte, me ofrecería a chuparle los dedos de los pies. Ella era muy pudorosa y lasciva a la vez y eso me volvía loco. La echo un poco de menos, aunque nada hay que se pueda hacer ya.  

Pues estaba el otro día yo sumido en mis sueños podófilos con la deliciosísima diosa y tal y de repente me encuentro con esta mierda de anuncio de los horteras de Dolce & Gabbana. Una compañera me lo enseña: “¡Qué poco apropiado, qué poco acertado me parece este anuncio!” Quién iba a decirlo, sino ella, la progre entre las progres. “Yo lo veo una tontería, una manera fácil de llamar la atención. Pero por lo que estás diciendo ahora, en realidad no es poco acertado en absoluto, ¡sino todo lo contrario!”, le dije. Pues nada, ella continuó, cada vez más excitada, con que si las mujeres maltratadas y que no se puede frivolizar y que nosequé. Yo, la verdad, no entiendo qué puede tener que ver este grupo de aceitosos chulos de gimnasio con el tema de la violencia contra las mujeres, cosa que me repugna profundamente -como también el anuncio- pero no veo la relación entre una cosa y otra. Vale, la están cogiendo de las muñecas. ¿Y qué? He conocido a más de una a la que le gustaba que la cogieran de las muñecas y cosas mucho más obscenas y tal que no vienen al caso. Eso no significa nada.

Mariconada

En serio, no comprendo bien esa reacción histérica de las feministas amargadas de turno, a no ser que estén compinchadas con estos modernitos de palo, los diseñadores predilectos de futbolistas y actores porno. Es que se lo ponen en bandeja: seguro que la campaña ha sido un éxito rotundo. Todos los anuncios de estos tipos tratan de buscar la indignación de estos sectores, se retroalimentan, un poco como pasaba con los de Benetton. En ARCO he visto una foto de una tipa clavándole el tacón a un maromo en el pecho y nadie ha dicho nada. No condeno el feminismo totalmente, de hecho hay feministas lúcidas, razonables e interesantes, pero no es éste el caso, desde luego. A todas éstas, les recomiendo que crankeen sus consoladores up to eleven.

En fin, después de todo es divertido observar el grado de amojamamiento y de corrección política de buena parte de la sociedad actual. Hay una asociación para cada indignación posible. ¿Como será la cosa en Finlandia? Vean también en el chiringuito de Dildo.

Mi giganta soñada

21 de Enero 2007

Es de noche. Me abro paso entre una extraña maleza. Las ramas crujen con estrépito al pisarlas y me da miedo que alguien me descubra. Después de un buen rato batallando con arbustos, hojarasca y hierbajos varios, me encuentro en un inhóspito y yermo lugar. Hacia los lados únicamente se ve el horizonte; miro hacia arriba y la luna está casi llena, tan sólo un pequeño mordisco la priva de su brillante y femenina plenitud. No sé hacia dónde seguir, me siento perdido y solo. Avanzo con miedo; no sé adónde voy, no veo nada, estoy empezando a desesperarme.

 Pero entonces veo aparecer, allá al fondo, una extraña protuberancia. ¿Es eso una colina? Corro hacia ella con todas mis fuerzas. A medida que me acerco, su textura se va revelando poco a poco. ¡Es una colina de piel! La luna la ilumina de pleno y advierto también que es suave; es la piel de una mujer. ¡Vaya suerte! No sé por dónde empezar…

 Subo por ella, la muerdo, la agarro bien fuerte, me tumbo, luego salto… me siento colmado. Estoy rodeado de piel suave, tersa y cálida. Arriba otros dos globos de carne, rematados por dos sublimes pezones, que superan en su armonía y proporción a toda arquitectura salida de la mano del hombre. Son más grandes que yo: cuando me abrazo a ellos no puedo abarcarlos por completo.

Gustave Courbet, El Origen del Mundo 

 Más abajo veo una vulva gigantesca, húmeda y cálida, con olor a mar. Me invita a entrar. El ano, como un gran sol de carne, acompaña la entrada. Es el momento de… ¿volver al útero?

 No lo sé, porque es entonces cuando me despierto. ¡Bah!

 Me pregunto de dónde habrá salido todo eso. ¿Tendrá algo que ver con este poema del genial Baudelaire? Aunque también podría ser un rollo a lo Robert Crumb…

 

LA GÉANTE

 "Du temps que la nature en sa verve puissante
Concevait chaque jour des enfants monstrueux,
J’eusse aimé vivre auprès d’une jeune géante,
Comme aux pieds d’une reine un chat voluptueux.

J’eusse aimé voir son corps fleurir avec son âme
Et grandir librement de ses terribles jeux;
Deviner si son coeur couve une sombre flamme
Aux humides brouillards qui nagent dans ses yeux, 

Parcourir à loisir ses magnifiques formes;
Ramper sur le versant de ses genoux énormes,
Et parfois en été, quand les soleils malsains,

Lasse, la font s’étendre à travers la campagne,
Dormir nochalamment à l’ombre de ses seins,
Comme un hameau paisible au pied d’une montagne." 

 

 Whoa, babe!

La espiral del amor

29 de Diciembre de 2006

Siempre lo digo henchido de orgullo: me encantan los tebeos. Con ellos aprendí a leer, a dibujar cosas en tres dimensiones, y, lo que es más, con ellos aprendí a disfrutar de la lectura (cosa que en la escuela trataron de evitar a toda costa). Y es que, amigos míos, la lectura no puede ser una obligación de ninguna de las maneras, como pretenden los Ministerios de Cultura. Puedo admitir que haya textos que requieran que el lector ponga un poquito de su parte. Los hay, y de hecho muchas veces el esfuerzo invertido da sus frutos. Pero no comprendo demasiado bien a aquellos que se empeñan en escalar el Ulises de Joyce –por poner un ejemplo- sucumbiendo de aburrimiento, como si al llegar al final de sus páginas fueran a convertirse en un ser nuevo y mejor.

Pero, a ver: uno vive buena parte de su adolescencia engañado, pensando que cuando meta la polla en un coño va a producirse en él una experiencia trascendental que cambiará su vida para siempre. No es así; timidez, nervios, ansias… la primera vez suele ser bastante poquita cosa. Entonces, ¿cómo va a cambiarte la vida una lectura a lo misionero, sin mirar a los ojos, sin besitos, cachetes ni guarrindonguerías varias? Fóllate ese libro, joder, fóllalo por todas las partes, haz que se te peguen las hojas, arráncaselas si hace falta. Para mí, si la lectura no se realiza como devoción, carece del menor sentido. Como dice Daniel Pennac: "la libertad de escribir no podría acomodarse a la obligación de leer” 

Bueno, pues el último tebeo que he leído es Uzumaki, editado por Planeta deAgostini. El precio no está mal, teniendo en cuenta lo caros que suelen ser los malditos (4’95 euros el volumen, un total de seis), aunque la calidad de la reproducción es bastante normalita. Bueno, pues esta locura es una razón más para ahondar en mi niponofilia. ¿Qué tiene de especial? No sé, pero lo que sí tiene, para empezar, es una premisa de lo más simple y divertida: un pueblo se halla dominado por las espirales y sus misteriosas manifestaciones. Eso le basta al autor, un odontólogo retirado que responde al nombre de Junji Ito, para desatar sus fantasías repletas de deformaciones inverosímiles, humor negro y estupendas colegialas. Deformaciones: +5 puntos. Colegialas: +1000 puntos. ¿Hace falta que siga?

 ¡+5000 puntos!

Ah, la historia tiene un inconfundible influjo lovecraftiano: +2000 puntos. Siempre he sido bastante fan de Lovecraft y de sus terrores innombrables y de dimensiones remotas. Mi afición por su obra, que derivó hacia otras lecturas así como raras, no viene precisamente por un “Plan de Fomento de la Lectura”, sino, curiosamente, de los siempre denostados videojuegos. Aunque ahora es un género que ha decaído bastante, allá por los años 90 las aventuras gráficas gozaban de un gran seguimiento, y no sólo las gloriosas maravillas de Lucasarts. Recuerdo tres que tenían una notable influencia del legado del escritor de Providence:


Alone in the Dark

Alone in the Dark

Antecedente directo del famoso Resident Evil y de todos los survival horror, muy antiguo ya y con unos polígonos que ahora dan un poco de risa. Había un libro en una estantería que no podía leerse, bajo amenaza de game over. El libro era De Vermiis Mysteriis, de un tal Ludvig Prinn. Un amigo y yo, como dos pardillos, lo buscamos por todas las bibliotecas, por supuesto en vano. No era más que un ficticio libro maldito, al estilo del Necronomicón del árabe loco Abdul-Alhazred, que aparece en las obras de Lovie.
 

Shadow of the Comet

Shadow of the Comet

A este apenas llegué a jugar, pero tenía bastante buena pinta.

 
Daughter of Serpents

Daughter of Serpents

Un juego muy raro, y bastante corto, pero la historieta era interesante, con Djinnis, confabulaciones estelares, misteriosos pergaminos y la Alejandría de los años 20 como escenario. Tenía un “algo” que ha hecho que perdure en mi memoria, a pesar de sus defectos.

Deben haber muchísimos más juegos inspirados en Crafty, pero estos son los únicos que he jugado. El Shadow of the Comet nunca llegué a completarlo, los otros dos sí. Quizás algún día, aunque no lo creo.

Bueno, tengo hambre y voy a ir a por algo a la nevera, así que resumo: Lee novelas, ensayos, tebeos, juega a videojuegos, fóllatelos, haz lo que quieras, pero por favor, no leas el Código Da Vinci. Es una puta frígida con el coño seco como una mojama. Se abre, sí, claro, se te abre bien fácil, pero no te dará ni pizca de amor. Sin embargo, Howard Love - craft, él, mi viejo amigo, nunca te defraudará, porque lleva el amor en su nombre, y sabe siempre cómo dártelo porque tiene el craft.

Y todos buscamos amor en este mundo, ¿o no?

Sade y sus cosas

27 de Diciembre de 2006

Leo La philosophie dans le boudoir (La filosofía en el tocador) del Marqués de Sade. Es un drama pedagógico subvertido, donde una jovencita de piel blanca y fresca es "encauzada" por parte de unos libertinos. Sumamente interesante por su exploración valiente y controvertida del lado oscuro de la fuerza. Sigue siendo muy fuerte, sigue siendo incómodo, pese a que se supone que vivimos en una época de liberación sexual (que en realidad quiere decir, y eso mucho mejor lo expone Houellebecq, que el sexo ha entrado en la dinámica del mercado)

Exponer a cualquier individuo que se considere a sí mismo "liberal", en cuanto a sexo se refiere, las tesis de este libro –no defenderlas ni recomendarlas, simplemente exponerlas- es casi siempre comprobar lo estúpido que es el término “liberal”. Detesto profundamente ese término y todo lo que oculta o pretende ocultar, esto es, ante todo: conformismo, comodonismo, papanatismo, incluso mojigatismo, amén de otras muchas cosas en las que prefiero no entrar ahora.

Esta obra no es ni más ni menos que un producto de la Ilustración, de la explosión racionalista de Diderot, Rousseau, Voltaire y compañía.  Aquí se trata de liberar a la razón de muros y cortapisas, que sea la luz que alumbre el camino al desarrollo de nuestros más bajos instintos reprimidos bajo la mesa camilla judeocristiana (contra la que Sade se ensaña de manera particularmente insistente) Así, este teatrillo de perversiones, violencia, parafilias e inmoralidad, resulta de poner la razón en primer plano, pero para romper su himen inmediatamente después; no por nada se produjo su reivindicación por parte de los surrealistas.

Cuando tenía 12 o 13 años y mis hormonas estaban empezando a salirse de madre, me encontré un día con Justine entre mis manos. Naturalmente, mi curiosidad me impulsó a leerlo. Estaba plagado, como todos sus libros, de escenas pornográficas; las imágenes que allí se describían me inflamaron y tuve una erección inmediata. Por aquel entonces, a las chicas de mi clase comenzaban a crecerles los pechos y yo me sentía totalmente dominado por el deseo, que se crecía con la imposibilidad de obtener su objeto… era consciente de que nunca los vería desnudos ni los tendría entre mis manos; todavía quedaban unos cuantos años para que hacerlo fuera normal. Esta tensión acabó produciendo en mí un ansia descomunal de poseerlas. Por la noche se me aparecían imágenes increíblemente obscenas, de erotismo delirante y violento. Quizá si hubiera tenido una educación religiosa la culpa me habría abrumado. Por suerte, no fue el caso y en un quítame allá esas pajas todo quedaba solucionado. Como dice el protagonista de una de los novelas de Houellebecq -no importa cuál porque en todas es el mismo- “cuando los hombres escupimos el chorrito nos quedamos muy tranquilos”.

 Pedro Machuca, Virgen del Sufragio

El momento del orgasmo es imposible de racionalizar. Es un instante de muerte, la mente se vacía por completo, el homo sapiens queda convertido en un objeto presa de estertores animales. ¿Qué no es uno capaz de hacer entonces? Si ese breve bocado de muerte se alargara indefinidamente, ¿qué es lo que ocurriría? En este momento, me viene a la cabeza la imagen de una humanidad poseída por un orgasmo continuado, copulando y asesinándose mutuamente para alimentar su lujuria; un Apocalipsis sádico. Nada podría asegurarnos su imposibilidad.

Pero pese a ese período de fantasías violentas y al aburrimiento que me produce el sexo convencional, nunca me ha gustado hacer daño, o por lo menos sin la aprobación del otro. Las fantasías que aparecen en los libros de Sade pueden ser sugestivas pero nunca las pondría en práctica, porque violan el espacio ajeno. Desentenderse del dolor que el otro sufre para aumentar el propio placer se parece demasiado al ejercicio del poder. Esto que digo queda perfectamente representado en la que es, por lo que a mí respecta, la experiencia cinematográfica más traumática que jamás se haya parido: por supuesto, me refiero a Saló o los 120 días de Sodoma, de Pier Paolo Pasolini. Ninguna película muestra el horror de forma tan cruda y directa. Olvídense de cosas como Flower of Flesh and Blood, Holocausto Caníbal o Braindead. Esta alegoría fílmica de la brutalidad del poder, si es que son capaces de verla entera, permanecerá en sus mentes mucho más vivamente que esas alegres e inofensivas gorefests.
 
En cualquier caso, haga lo que haga cada uno con su vida, ahí están las obras de Sade, para quien quiera abrir por unos momentos la puerta que lleva hacia ese monstruo que la cultura occidental, cobarde e hipócrita, rara vez se ha atrevido a mirar cara a cara. ¡Yo te saludo, Divino Marqués!

Venus in furs

17 de Diciembre de 2006

Lo cierto es que todavía pienso en ella a veces. No hace tanto tiempo, pero es que parece que fue el otro día. Todavía guardo los mensajes en el móvil. Todo ha terminado de forma radical. No sé si me quería, no sé si la quería, pero ya no tiene mucho sentido preguntárselo. Tengo mis dudas.

Casi toda relación sentimental entraña a su vez una lucha de poder. Hay algo de egoísmo y también de sadomasoquismo. El juego con el látigo, las esposas y los tacones de aguja trasladados al campo de la guerra psicológica. “Te amo y quiero castrarte”, dice uno, “Quiero dominarte, quiero golpearte con mi sexo hasta que pierdas el sentido”, dice el otro. Un juego cruel y destructivo.

La palabra amor es un triste one-way sign colocado encima de un desierto moldeado y barrido por los azares del destino. Me parece a mí que la modernidad no ha sido capaz de darle un nuevo sentido, y por ello se ha quedado en el siglo XIX. Pero no es esto lo que me interesa ahora.

Lo que me interesa es la confrontación continua que existía en nuestra relación, una extrapolación de las diferencias entre el Nuevo y el Viejo Mundo. Ella había aceptado la brutalidad, la inmoralidad esencial y desculpabilizada de América. Mantenía la singularidad de su origen, la frialdad del Báltico, en una casa unifamiliar con perro y jardín. Yo parecía ejecutar el papel del europeo a la perfección; percutido por la maldición de la conciencia, escéptico y descreído. Es el resultado de siglos de historia. Ella, sin embargo, permanecía siempre firme, con su fe inquebrantable en la realización de los sueños, porque a diferencia de los europeos, lastrados por una serie interminable de reveses, los ve realizados de manera salvaje en las megalópolis verticales, en el paisaje inmenso y technicolor, en los campus-ciudad y en las autopistas en las que los hombres circulan sin objeto y parecen convertirse en una especie de gas. Se podría decir que todo eso es falso y superficial, pura fachada, pero no conseguirás nada reprochándoselo a un americano; les importa un bledo. Y lo comprendo perfectamente.

Pero la verdad es que esa arrogancia y esa superficialidad que poseía ella y también sus amigas, aunque en el fondo exentas de malicia, me ponían siempre de los nervios. Cuando miraba a través de las ventanillas, rebajaba las montañas a colinas y las ciudades a pueblos. Todo era pequeñito, pero tenía “carácter”. “Me gusta porque tiene carácter”. Tenía que morderme el puño. La única forma en que podía desahogarme era atarle las manos y empujar bien fuerte hacia dentro. Hundirle la cabeza en la almohada y agarrarla del pelo. Pero todo eso se volvía contra mí, porque ella disfrutaba todavía más que yo. Sólo hacía que reírse y gritar. ¡Ella era la que dominaba, en realidad! Lo único que hacía era alimentar su lujuria. Después se vestía y se ponía muy seria, como si nada hubiera ocurrido, y volvía a hacer el papel de mujer puritana. Lo que yo decía, pura fachada.

Y a pesar de esa superficialidad y esa arrogancia -que no tiene que ver necesariamente con la estupidez- una cosa es cierta; los americanos admiran de forma sincera la cultura europea. Probablemente más que la mayoría de nosotros, pero de algún modo lo hacen como el que mira a través de un escaparate. Nosotros llevamos ese camino, sin duda. Hace ya tiempo que hemos adoptado su modo de vida y hace tiempo también que estamos hartos ya del peso de la cultura… Todo es como un adorno, un museo petrificado, un destino del turismo global. Europa es un cadáver que huele muy bien.

Ahora que se ha terminado el juego, he perdido esa perspectiva. Siento cierta nostalgia de ese optimismo ingenuo y brutal. Era algo tan extraño y tan incomprensible para mí… También añoro la lujuria transformando su rostro, sus gritos al borde del éxtasis. Ahora me encomiendo a Onán y camino por las avenidas de la ciudad sin que nadie me recuerde que en realidad son callejones.

God Bless America.

Good morning

10 de Diciembre de 2006

Amor a primera vista. Sólo de pensar en que el señor Nobuyoshi Araki haya intercambiado fluidos con ella… Nah, no creo. A ella sí le llevaría el desayuno; y también la pervertiría un poco. Y Gabriel Matzneff también lo haría. Pero esta es mía; ójala ocupara mis sueños a partir de ahora.

Después de recibir decepciones y más decepciones en mis relaciones con el sexo sensible e inteligente (y por tanto mucho más capaz de ser retorcido y perverso) prefiero refugiarme en mis sueños con adorables japonesitas casi prepúberes.